viernes, 2 de abril de 2010

Carta abierta al compañero Guy Ryder, Secretario General de la CSI

El pasado 16 de marzo 2010 tuve la oportunidad de participar en el seminario (“Conferencia Sindical Internacional”) organizado por las Confederaciones Sindicales españolas CC.OO., UGT y USO, en el que, junto con los Secretarios Generales de éstas, participaron entre otros los de la Confederación Sindical Internacional (CSI), Guy Ryder, y de la Confederación Sindical de las Américas (CSA-CSI), Víctor Báez. Ello me permitió plantearle a Guy Ryder algunas de las cuestiones relativas al sindicalismo internacional que me preocupan en estos últimos tiempos, que algo tienen que ver con lo que es mi actividad sindical diaria, y en torno a las cuales pretendía conocer su autorizada opinión en el marco de un encuentro que considero permitía algo más que la repetición de los tópicos ya sabidos.

Guy Ryder me iba respondiendo indirectamente con las expresiones de su cara (no parecía coincidir demasiado con mis observaciones) mientras me escuchaba, creo con bastante atención, y solamente en relación con el tema General Motors formuló la concreta respuesta a la que más abajo me referiré.

Aunque supongo que estas notas no llegarán a conocimiento del compañero Guy Ryder, no desespero de ello y, al mismo tiempo, abro la posibilidad de que puedan contribuir, en el entorno de mis relaciones sindicales más próximas, personales y del blog, a progresar en la elaboración sindical de estos temas, los cuales, por otra parte, voy incorporando a mis reflexiones en los ámbitos y foros en los que intervengo como consecuencia de mis concretas responsabilidades sindicales.


Éstas fueron mis consideraciones:

Víctor Báez ha formulado, entiendo que muy acertadamente, la relación entre el “Estado de Bienestar” europeo y el desarrollo de los derechos del trabajo en el mundo. Podía entenderse en un primer momento como un llamamiento a la conciencia del sindicalismo europeo, a nuestra conciencia solidaria en defensa de los derechos básicos del trabajo, del “trabajo decente” en el mundo. Luego, en respuesta (éste sí) a mi intervención afirmó coincidir con este aspecto de la misma.

Entonces y ahora prefiero, en esta cuestión, apelar a la razón solidaria, a la solidaridad de la razón, a la solidaridad como interés consciente de los que la practican, más que a la conciencia, grande o pequeña, solidaria. Y así lo entiendo porque en mi consideración el punto de partida es la concepción del sindicato como organización de “intereses”, de la conciencia y defensa del interés colectivo a partir del interés individual.

Que no se trata de una cuestión teórica se desprende de lo que estamos viendo cada día: ante una crisis “global”, y así todos la entendemos y proclamamos, aparece el desarrollo de planteamientos corporativos de país, particularismos insolidarios, con expresión de intereses contradictorios entre colectivos de trabajadores, y, en algunos casos, con manifestaciones de xenofobia.

Así se expresó en mi opinión en la refinería de Lindsay, en el condado de North Linconlnshire de la Gran Bretaña, con el supuesto argumento del “dumping social”, claramente desmentido por el sindicalismo italiano.

O en la negociación de los proyectos futuros en General Motors, con la aventura intermedia de Opel-Magna, en la que hemos visto a los sindicatos del países europeos negociar separadamente, y en ocasiones contradictoriamente, con la matriz de la multinacional, lo que supuso un paso atrás de la anterior experiencia de la negociación de planes de reestructuración en Europa lideradas entonces, no ahora, por la Federación Sindical Europea del Metal. El amigo Guy Ryder me respondió aquí que él había participado en una reunión al efecto y que todo se había planteado muy bien.

Otro ejemplo de intereses contradicciones entre trabajadores de diversos países pueden ser las medidas “antidumping” que se toman frente a la importación de determinados productos importados. En Europa no es infrecuente que las Federaciones sindicales europeas apoyemos (a veces como decisión administrativa no discutida en los órganos de dirección) tales decisiones de la Unión Europea que, muchas veces, utilizan como argumento el posible “dumping social” por la supuesta violación de los derechos del trabajo en su producción. Puede ser, y muchas veces seguro que es, cierto. Pero lo que falta es una intervención sindical previa examinando el problema, particularmente con los representantes de los trabajadores a los que supuestamente defendemos con el antidumping a lo por ellos producido. Una intervención sindical previa que debería darse a partir de la iniciativa de las estructuras sindicales internacionales convocando a los sindicalismos de los países vendedor y comprador. No conozco ninguna iniciativa sindical de este tipo, aunque sí situaciones en las que podría, debería, haberse dado[1].

Y en relación con los dos “7 de octubre” de 2008 y 2009, es decir las jornadas de acción mundial por el trabajo decente (objetivo tan importante y tan decisivo para el futuro inmediato de todos, como acertadamente señalaba el compañero Víctor Báez), no comparto las valoraciones sólo positivas que conozco. Me preocupa, ante la importancia del tema, y ante la iniciativa de la CSI, lo poco que hemos hecho en ambas, pero más aún lo poco que hemos analizado lo poco que hemos hecho.

Otra cuestión: los proyectos de ponencia para el próximo Congreso de la CSI convocado en Vancouver el próximo mes de junio. En mi opinión no aparece ninguna respuesta a las preocupaciones que he apuntado. Y me preocupa más su ausencia que posibles divergencias al respecto. También los criterios sindicales expresados en tales proyectos de ponencia en relación con la Responsabilidad Social de las empresas, pues se parecen más a los primeros balbuceos sindicales al respecto, con miedos y denuncias de las perversas intenciones empresariales, sin recoger importantes, y en mi opinión positivas, experiencias, que ya las hay, de activa intervención sindical exigiendo el cumplimiento de los compromisos empresariales. Por todo ello, sería conveniente que se consideraran con atención las enmiendas que ha presentado nuestra Confederación de CC.OO. a dichas ponencias; y que se revisara la primera respuesta que nos habéis dado proponiendo diluir una moción sobre el “Salario Mínimo Vital” en otra sobre la Globalización.

Este próximo Congreso de la CSI, el segundo, significará seguramente una consolidación de esta organización que supone, por el sólo hecho de existir, un serio paso para crear el sindicato global que necesitamos. Pero creo que deberíamos asumir que no es aún lo que necesitamos. Tenemos estructuras sindicales supranacionales que constituyen activas “coordinadoras”. Pero no son aún órganos de dirección sindical. Y no lo son en parte porque desde los sindicalismos “nacionales” no les hemos delegado capacidad de decisión, poderes para adoptar decisiones que nos impliquen directamente. Necesitamos Organizaciones sindicales supranacionales con capacidad de dirección y, para ello, es necesario delegar competencias. Para tomar tal decisión necesitamos garantías suficientes para poder asumir la necesidad de esta delegación, lo que exige un nivel de confianza, nuevas formas de trabajo y de toma de decisiones, más democracia formal, más generosidad de las organizaciones fuertes. Más sensibilidad hacia los problemas de todos. Más capacidad para decidir desde la asunción de los intereses globales, no de los particulares. Para que les demos confianza y poder a las estructuras sindicales supranacionales, no basta que lo queramos y lo queráis, ¡os lo tenéis que ganar!

Y, para terminar, ¿Dónde y cómo se concreta, compañero Guy Ryder, en relación con todos estos temas, el “nuevo internacionalismo sindical”?


Un cordial abrazo,


Isidor Boix, sindicalista español


Como indiqué al comienzo de esta “carta abierta”, el compañero Guy Ryder solamente consideró necesario afirmar, sin más argumentos, que lo de General Motors se había hecho bien.

PD: Compañero Guy, si por casualidad esta carta llega a tus manos, vista u oído (no creo, pero con esto de la red y la globalización, nunca se sabe), me gustaría saber qué piensas de todas estas cosas, que algo tienen que ver con el sindicalismo, particularmente con el sindicalismo “global” (intuyo que también con lo del “nuevo internacionalismo sindical”, para así contribuir un poco a definirlo)

[1] Desde FITEQA-CC.OO. vamos a presentar mociones en este sentido en la próxima Asamblea General y el próximo Congreso de las Federaciones sindicales europeas de la química-energía-minería y del textil-confección-piel. Informaremos de su suerte.

sábado, 9 de enero de 2010

Los abogados laboralistas en el franquismo. Importante contribución a la creación de "espacios de libertad"

El amigo Paco Ruiz Acevedo, Presidente de la "Associació per la Memòria Històrica i Democràtica del Baix Llobregat", me pidió una colaboración para un número extraordinario de la revista de esa Asociación, "memòria antifranquista del baix llobregat", dedicado a los abogados laboralistas bajo el franquismo. Con el título arriba indicado, le mandé las siguientes líneas:

"Voy a referirme al periodo que va desde comienzos de 1969, con el recién estrenado Estado de Excepción, hasta el 1 de febrero de 1976, con la manifestación ciudadana por la Amnistía. No es ciertamente toda la etapa de la importante actividad de los abogados laboralistas, una actividad en defensa de los derechos de la persona en general y de los de los trabajadores en particular, una actividad que empezó antes y continuó después, pero sí es el periodo en el que tuve una intensa relación con el grupo principal de abogados laboralistas de Catalunya en tanto que responsable del movimiento obrero en el Secretariado del Comité Ejecutivo del PSUC y responsable desde la dirección del Partido de la acción sindical y política en la SEAT.

En este periodo se acentúa el proceso de desgaste del franquismo, del fascismo español, una experiencia que arrancó muchos años atrás, con importantes huelgas obreras y con movilizaciones estudiantiles y de sectores intelectuales. Un proceso caracterizado esencialmente por la progresiva pérdida del miedo de los sectores más activos de la población, lo que desde el PCE, con Santiago Carrillo al frente, fue definido como “creación de espacios de libertad”. Y ahí es donde los abogados laboralistas de la época jugaron un gran papel, en Barcelona, en Madrid, en tantos otros puntos de la geografía española. Me referiré a lo directamente vivido por mí, y, para personalizar las referencias, creo que puedo citar particularmente a Albert Fina y Montserrat Avilés, a Josep Solé Barberá, Luis Salvadores y Francesc Casares. Es evidente que fueron bastantes más, pero también que estos 5 jugaron en Barcelona un papel especialmente relevante.

Y, puestos a concretar, he de referirme a un recuerdo muy particular para Albert y Montserrat, y a su intervención en relación con SEAT, desde un despacho, “el despatx”, donde con ellos trabajaban, actuaban, en un primer momento Ascensió Solé y Rafael Cabré; luego se incorporaron, nos incorporamos, otras y otros. Aquí quiero mencionar también a otras personas que trabajaban en estos despachos, en tareas esenciales para su funcionamiento, como administrativas y de organización, de asesoramiento económico, en temas de salud laboral o genéricamente sindicales; algunas de ellas estudiaron derecho y ejercieron luego también como abogados laboralistas en estos mismos despachos. Como recordatorio de todos y todas, permitidme dejar constancia de los nombres de Marí Carmen Rueda, Charo Fernández Buey, Jordi Agustí, Lluis Gutiérrez, Conxita Fernández, Antoni Luchetti, Ignasi Fina, que creo recordar eran los que trabajan en el despacho de Albert y Montserrat a principios de los años 70.

Considero útil aportar ahora algunas referencias más precisas a cómo desde la actividad de los abogados laboralistas, desde los despachos laboralistas, se contribuyó a desarrollar tales espacios de libertad. No pretendo desarrollar aquí este concepto y esta experiencia, esenciales en mi opinión para la liquidación del franquismo, y para entender el papel que en ello jugaron los movimientos sociales, otra construcción teórica del PCE, pero sí apuntar algunos de sus aspectos. No se trataba solamente de “utilizar las posibilidades legales”, es decir desde la legislación fascista (como todavía en los años de la transición algunos entendían o creían entender, o aún ahora repiten para justificar su posición en los debates de aquel momento), sino de desarrollar un espacio de organización y movilización de masas, de concreción de objetivos y reivindicaciones sociales y políticas, de relación entre las personas y colectivos que tenían un objetivo común y solidario, partiendo de cauces establecidos, o no prohibidos, por la legislación franquista, pero desarrollándolos y desbordándolos en formas que la propia legislación no había previsto ni podido prever, creando espacios de efectiva libertad, con la evidente, y necesaria, posibilidad de orientación, dirección y coordinación política desde las instancias más clandestinas del momento, del PCE en primer lugar. Un momento en el que el propio PCE se definía, o quería definir, como “Partido dirigente no dominante”, para definir su relación con las enormes potencialidades de los movimientos sociales.

Es evidente que entonces, y siempre, la represión no pretende tanto castigar a algunas personas, pocas, como atemorizar a bastantes más, muchas más. Su éxito no está tanto en el número de los represaliados, como en el de los paralizados por el miedo. Por ello, el fracaso de la represión empieza cuando cada día tiene que ampliar su ámbito de aplicación, cuando el miedo se debilita, sin capacidad de paralizar la acción colectiva que crece precisamente a partir de la propia solidaridad frente a la represión.

En relación con el movimiento obrero, en un avance nunca lineal, ello se expresaba en el creciente proceso de huelgas, manifestaciones, …, y también en el cada día mayor número no tanto de despidos y sanciones, de condenas, sino de demandas contra los despidos y sanciones, de preparación de los juicios en la Magistratura del Trabajo y en el Tribunal de Orden Público, acompañadas de un creciente apoyo solidario, económico y moral, a los represaliados, expresado en los centros de trabajo, acudiendo a dichos juicios, ...

En todo ello los abogados laboralistas jugaron un papel esencial. Las reuniones en sus despachos para preparar las demandas, los juicios, se convertían inevitablemente en reuniones de organización obrera, de desarrollo de los lazos personales y solidarios que estaban en la base de ésta. Los juicios en denuncias de la represión y su resultado, muchas veces, cada vez más, en victorias frente a la represión, frente al franquismo.

Estoy convencido de que de los textos de esta revista monográfica, así como de algunas otras publicaciones (de entre las que quiero destacar el libro de Albert “des del nostre despatx”), se desprenderán muchos ejemplos de lo que estoy mencionando. Pero quiero referirme ahora a uno, probablemente de los menos heroicos, pero muy significativo en mi opinión.

En la huelga obrera en SEAT del invierno del 74-75 (cuyo eje era la reivindicación de la representatividad, del reconocimiento de los delegados elegidos en los talleres, de la libertad sindical en definitiva), una de las muchas medidas, de los muchos intentos represivos, de la empresa fue la suspensión de empleo y sueldo por 1 día a toda la plantilla, cerrando la fábrica. Ante esta medida decidimos, no sin ciertas reticencias de Albert y Montserrat (esencialmente de orden técnico absolutamente comprensibles), presentar demandas individuales contra la sanción. No era fácil, pues había más de 20.000 posibles demandantes. Preparamos una demanda tipo, pues la sanción y los motivos alegados eran los mismos para todos, y se distribuyeron fotocopias en los talleres, para que cada persona pusiera su nombre, DNI, salario y firma, y, pagando no recuerdo si 5 ó 25 ptas., se organizara su recogida en el despacho, entonces en Ronda Sant Pere. Se firmaron unas 10.000 demandas y la organización de todo ello, la distribución del documento en la empresa, la recogida del dinero, la entrega personal una a uno en el despacho, en largas filas en la calle, para garantizar la exactitud y autenticidad de los datos, significó una autentica fiesta de organización, y de libertad. La presentación en Magistratura de las demandas, en gruesos paquetes, fue otro acontecimiento, al menos para nosotros, ante la sorpresa de los funcionarios. No recuerdo ya si al final se produjo el sobreseimiento del caso, la retirada de la sanción por la empresa, o se ganó el juicio (en los años 70 se ganaron todos excepto el último, el de los 500 despedidos). En realidad en aquel momento el final era probablemente lo de menos, después de la victoria que ya suponía todo el proceso.

Y, sin necesidad de entrar en detalles, quisiera recordar el papel que jugó “el despatx” en las importantes, y muy significativas en muchos aspectos, elecciones sindicales del 75-76 del Sindicato Vertical (CNS); en la preparación, apoyo y coordinación de las “candidaturas unitarias, obreras y democráticas”, que impulsamos también, y en gran medida, desde allí a partir del cartel que preparamos para las elecciones de SEAT. Los días 16, 17 y 18 de junio de 1975, días de elecciones y recuentos, el despacho fue uno de los principales centros de recogida y transmisión de datos, de relación con la prensa, de celebración de las importantes victorias obreras democráticas en la primera fase de estas elecciones sindicales. Y de preparación de la segunda fase, con el asalto a las UTTs ("Unión de Tecnicos y Trabajadores" en las estructuras de la CNS), así como de elaboración del librito que Manuel Pujadas y yo publicamos sobre estas elecciones, “Conversaciones sindicales con dirigentes obreros”.

La inmersión profesional y también personal de los abogados laboralistas en la acción obrera se expresó asimismo en su presencia constante como víctimas de la represión franquista. Fueron frecuentes los asaltos y registros de los despachos, las detenciones de abogados laboralistas, su paso por el TOP y las cárceles de Franco. En el despacho de Albert y Montserrat, ya en la calle Caspe, vivimos una ostentosa vigilancia de fachas (coincidente con los asesinatos en el despacho madrileño de la calle Atocha) a raíz de la huelga de la empresa de transportes “Miguel Mateu”, a los dirigentes de la cual asesoramos desde el despatx.

La transición hacia la democracia planteó problemas importantes a los despachos laboralistas, más a los que más implicados habían estado en su contribución a crear espacios de libertad. Cuando el amplio movimiento obrero desarrollado bajo el franquismo, esencialmente en forma de “comisiones obreras” y en torno a sus “coordinadoras”, se transformó en las Comisiones Obreras como organización sindical, cuando reapareció UGT, a los abogados laboralistas, y a los dirigentes sindicales, se les planteó cómo articular su relación en el naciente sindicalismo por organizar en la democracia. En el ámbito comunista y de CC.OO. ello se insertó en un debate sindical y político de más envergadura, el de la unidad sindical y de la relación entre “partido” y “sindicato”, de quien debía hacer de correa de transmisión de quien. Todo ello traducido, entre otros temas, en la discusión sobre si convertir a los abogados laboralistas en empleados asalariados del sindicato, integrándolos en sus gabinetes jurídicos, o no, estableciendo una relación distinta en la que asumieran una autonomía profesional integrada en el ámbito de la dirección política del sindicato.

No fue muy distinto el debate en UGT. Y en ambos el resultado también fue, lamentablemente, similar, traducido en la incapacidad para desarrollar e integrar plenamente desde el sindicalismo organizado el enorme capital profesional y la riqueza de ideología laboral acumulados por los abogados laboralistas en los últimos años del franquismo. Pero ésta es ya otra historia. Y otro debate, y materia también de investigación para los historiadores del sindicalismo español, por lo que me parece útil dejar aquí y ahora constancia de ello.

Al comenzar estas notas fijaba el 1 de febrero de 1976 como punto final del periodo rememorado, porque ésta fue la fecha de la manifestación ciudadana por la Amnistía convocada, y comunicada a las aún franquistas “autoridades”, por un número importante de ciudadanos. Albert Fina y yo estábamos entre los firmantes de la convocatoria y el “despatx” fue uno de los puntos de coordinación de la convocatoria de la que fue en Barcelona, paralelamente a la de otras ciudades españolas, una importante manifestación por las libertades, por “Llibertat, Amnistía, Estatut d’Autonomía”

Quiero terminar estas notas con un recuerdo a un acto simbólico con el que los abogados laboralistas en el franquismo, junto con otros laboralistas, quisieron/quisimos dejar constancia de nuestra propia historia. Fue, creo, a finales de 1976 o comienzos de 1977, con una placa colocada en el monumento a Francesc Layret en la plaza Goya de Barcelona tras una marcha por el centro de la ciudad. Luego hubo un acto en el que se rememoró la figura de aquel también laboralista y, entre otras de sus citas, se mencionó una que, más o menos literalmente, recogimos en un folleto del “despatx” de Albert y Montserrat, y que luego aparecería regularmente en la portada del órgano de la CONC “Lluita Obrera”: “Cuando los trabajadores hacen huelga no es que no quieran trabajar, es que quieren hacerlo en mejores condiciones”.


Enero 2010"

sábado, 19 de diciembre de 2009

Construyendo el sindicalismo global

Con este título, el amigo Carles Navales me pidió una colaboración con la revista que él dirige, "La Factoría". Encantado con la propuesta, por el tema, por quien la hacía, y por el marco en el que se publicaría, le mandé el artículo que se encuentra en:

http://www.revistalafactoria.eu/articulo.php?id=511

10º Congreso de la Federación Sindical Internacional del Textil, la Confección y el Cuero

A primeros de este mes de diciembre se celebró en Frankfurt el 10º Congreso de esta Federación Sindical Internacional. Partipé en el mismo en la delegación de FITEQA-CC.OO. Fué un Congreso marcado por la reciente y súbita muerte del Secretario General, Neil Kearney, acaecida en Bangladesh cuando estaba en plena actividad sindical para el seguimiento de la aplicación del Acuerdo Marco con Inditex. El Congreso abordó evidentemente el grave momento por el que atraviesan estos sectores industriales en el marco de la crisis mundial, así como un importamnte debate sobre los Códigos de Conducta empresariales y la significación de la intervención sindical en los mismos.

Un informe más detallado del desarrollo del Congreso se encuentra en:

http://www.fiteqa.ccoo.es/comunes/temp/recursos/29/577759.pdf

domingo, 6 de diciembre de 2009

Sobre el "nuevo internacionalismo sindical"

El pasado 26 de noviembre celebramos en el salón de actos de la CONC el primer seminario organizado por el Observatorio "Sindicalismo en la globalización" de la Fundación 1º de Mayo de CC.OO., del que se me encargó la dirección. El tema era el "Nuevo Internacionalismo Sindical", acuñado en los primeros pasos de la Confederación Sindical Internacional desde su Congreso Constituyente. Participaron en el seminario Philippe Pochet, director del Instituto Sindical Europeo, Tomas Nieber, dirigente sindical alemán y de las Federaciones Sindicales EMCEF e ICEM, Kemal Ozkan, dirigente sindical turco y del Secretariado de la ICEM, Javier Doz, Secretario confederal de Internacional de CC.OO., e Isidor Boix. Lo coordinó Rodolfo Benito, Secretario confederal de Estudios de CC.OO.

Todas las intervenciones fueron grabadas y está prevista su publicación por parte de la Fundación 1º de Mayo.

El guión de mi intervención fué:

http://www.fiteqa.ccoo.es/comunes/temp/recursos/29/474766.pdf

jueves, 12 de noviembre de 2009

Seminario sindical en Sao Paulo, Brasil, sobre Redes Sindicales Nacionales e Internacionales

Los días 9 y 10 de noviembre se ha desarrollado en Sao Paulo un seminario organizado por la ICEM, con el apoyo de la Fundación sindical alemana Friedrich Ebert, para abordar el tema de las Redes Sindicales en el marco de 11 multinacionales de matriz europea con filiales en América Latina y particularmente en Brasil.

Los días 11 y 12 se han reunido por separado las diversas Redes Sindicales y alguna de éstas ha realizado posteriormente un encuentro con la dirección empresarial correspondiente.

Han participado 60 sindicalistas brasileños y 15 de otros países latinoamericanos, y se han presentado ponencias sobre redes sindicales internacionales y nacionales de BASF, REPSOL, BAYER, AKZO-NOVEL y SOLVAY, por parte de dirigentes sindicales de la Federación Internacional ICEM, de las organizaciones sindicales brasileñas CUT y Força Sindical, así como de las europeas IGBCE alemana, FNV holandesa y FITEQA-CC.OO. española. Ha intervenido también un representante de la norteamericana AFL-CIO.

Por nuestra parte hemos presentado dos ponencias, una sobre los criterios sindicales en la organización de las Redes Sindicales en el marco de la construcción del sindicalismo global, y otra sobre la concreta experiencia de la Red Sindical Repsol Latinoamérica-España.

Diversos materiales de este seminario se encuentran en:

http://www.fiteqa.ccoo.es/comunes/temp/recursos/29/540503.pdf
http://www.fiteqa.ccoo.es/comunes/temp/recursos/29/540513.pdf
http://www.fiteqa.ccoo.es/comunes/temp/recursos/29/540530.pdf
http://www.fiteqa.ccoo.es/comunes/temp/recursos/29/540518.pdf
http://www.fiteqa.ccoo.es/comunes/temp/recursos/29/540529.pdf
http://www.fiteqa.ccoo.es/comunes/temp/recursos/29/540528.pdf
http://www.fiteqa.ccoo.es/comunes/temp/recursos/29/540526.pdf
http://www.fiteqa.ccoo.es/comunes/temp/recursos/29/540505.pdf

domingo, 25 de octubre de 2009

Acerca del "nuevo internacionalismo sindical"

La recien constituida "Confederación Sindical Internacional (CSI)" ha lanzado esta formulación para, hay que suponer, construir nuevas relaciones sindicales, nuevos contenidos, nuevas formas de acción y organización sindical, para dar probablemente un nuevo sentido también a la solidaridad internacionalista, o transnacional, aplicable sin duda a la solidaridad más próxima también.

Desde el Observatorio "Sindicalismo en la Globalización" de la Fundación 1º de Mayo de nuestra Confederación de CC.OO. hemos organizado un seminario acerca de esta formulación, que tendrá lugar el próximo 26 de noviembre a las 9 horas en el salón de actos de la CONC (Vía Layetana 16, Barcelona).

Dejándome provocar por un querido amigo he enviado a los y las componentes de ese Observatorio y a los previstos ponentes el texto que adjunto:


"A modo de provocación

Queridos compañer@s y amig@s,

Me dirijo a vosotr@s como responsable del Observatorio “Sindicalismo en la Globalización” de la Fundación 1º de Mayo de CC.OO. y, en tanto que tal, del seminario de Barcelona del próximo 26 de noviembre.

A sugerencia de un querido amigo de este Observatorio, os envío unas notas que resumen mi opinión en relación con algunas de las cuestiones que entiendo centrales de entre las fijadas para ese día, con la intención de contribuir así a la discusión.


A propósito del “nuevo internacionalismo sindical”

Considerando un gran acierto haber lanzado desde la CSI esta formulación, me parece necesario empezar afirmando que en mi opinión el “nuevo internacionalismo sindical” aún es hoy un objetivo insinuado, poco definido y cuya lejanía es difícil de medir en tiempo, pero quizás posible en prácticas y conceptos. Precisamente por ello mayor es el mérito de haberlo planteado como fórmula, como título, pero título de un texto pendiente aún de redacción. Considero que desde el sindicalismo organizado no hemos sabido aún desarrollar adecuadamente la idea y, menos, definir cómo avanzar en su construcción a partir de las experiencias que indudablemente existen. Los 7 de octubre (“jornadas de acción sindical mundial”) de 2008 y 2009 nos aportan, creo, elementos de interés, y de preocupación, para esta reflexión. A lo que cabría añadir consideraciones sobre las experiencias de su discusión en los sindicatos, o los primeros textos de las resoluciones del Congreso de la CES de Sevilla, o los que ahora tenemos del próximo Congreso de la CSI de Vancouver.

El “nuevo internacionalismo sindical” debería constituir la esencia del “sindicalismo en la globalización” en la construcción del “sindicato global” que precisamos, pero que, obviamente, no existe.

Partiendo del concepto del sindicato como organización de intereses, lo primero sería definir en torno a qué intereses “globales” podemos o queremos construir el sindicato global.

Un punto de partida debe ser la importante heterogeneidad de la clase trabajadora mundial. En salarios, tiempo de trabajo, condiciones de trabajo, entorno social, …, en jerarquía en la organización del trabajo y en la capacidad de gobierno sobre las propias condiciones de trabajo, en el disfrute de derechos y condiciones de vida, …, también en la condición de trabajador de la economía “formal” o “informal”, inmigrante o no, … Una heterogeneidad entre los trabajadores de diferentes países y continentes, pero heterogeneidad también en la clase trabajadora de cada país.

Y de tal heterogeneidad resultan, necesariamente, intereses contradictorios. El problema está en situar si, a pesar de tales contradicciones, o quizás a partir de ellas, existen intereses comunes, “globales”, de suficiente entidad para construir el colectivo “sindicato global”.

No es fácil establecer cuáles pueden ser tales intereses comunes. De poco serviría una cómoda respuesta del estilo “frente al imperialismo” o “frente a las multinacionales”, o similares, … porque con ella no nos habríamos movido del mismo punto de partida: ¿cómo, en qué y para qué hacerles frente?

Una primera respuesta para establecer cuáles son los posibles intereses homogéneos y comunes creo que puede resultar sencilla: a todos, a toda la clase trabajadora de este nuestro mundo globalizado, nos interesan los derechos del trabajo, los derechos fundamentales, y una buena definición lo constituyen los Convenios de la OIT, la libertad sindical y el derecho de negociación colectiva como primera referencia. Si es así, como creo, habría que desarrollar la idea para abordar las múltiples líneas de trabajo que pudieran resultar en la práctica sindical.

Fue sin duda un gran acierto que la primera y segunda jornadas de acción sindical mundial convocadas por la CSI se situaran en la exigencia del “trabajo decente”, de la dignidad del trabajo, es decir de los derechos fundamentales del trabajo. Un indudable acierto en la convocatoria, pero que, por ello precisamente, exige rigor en el balance de su preparación y de su realización.

El 7 de octubre de 2008 supuso una muy escasa movilización en torno a algo que todos entendimos, al parecer, como clave. Y desde España, sabedores de lo que hicimos, y de lo que no hicimos, nos ha de resultar sorprendente que se considere que fuimos uno de los países más exitosos en esa jornada de acción sindical mundial.

Y el 7 de octubre de 2009, una nueva convocatoria en el contexto de una crisis a la que no dudamos en calificar de “global”, responsabilidad del irresponsable capitalismo mundial (“neoliberal”, “global”, “de casino”, …). Pero su convocatoria, en su concreción práctica, podría traducirse (o resumirse) en lo siguiente: “en cada lugar movilicémonos por lo que nos preocupe más”, lo que en la práctica podía suponer, y supuso, hacer frente a la crisis con intereses y reivindicaciones contradictorias. La fórmula de “por el trabajo decente” figuraba ciertamente en los titulares, pero los contenidos han sido diversos y locales.

En la práctica, el 7 de octubre de 2009 ha constituido una coordinación, una coincidencia en el tiempo, de múltiples jornadas locales y sectoriales. Una pobre aportación además para abordar un problema no secundario, pero que no supimos o no nos atrevimos a plantearlo abiertamente: la crisis ha acentuado inevitables tendencias corporativas del movimiento sindical en todos sus ámbitos, convertidas ya en aislacionistas y proteccionistas en muchos casos, xenófobas incluso, manifestadas en los sindicalismos de cada lugar. Una jornada “mundial” era una buena ocasión para hacerles frente en la explicación y organización. Y desde el “primer mundo”, desde el “Norte”, y desde Europa, era una buena ocasión para explicar y movilizar en torno a un básico: los derechos del trabajo en los países más avanzados, el “modelo social europeo”, sólo podrán defenderse defendiendo los derechos del trabajo en el mundo, a fin de evitar nuestro asilamiento y consiguiente debilitamiento progresivos. La solidaridad que supone defender tales derechos allí donde más abusos se comenten, muchas veces en las cadenas de producción de las grandes multinacionales con cabecera en el Norte, debe asumirse conscientemente como un interés propio, un interés de los que hemos de practicarla.

Algunas experiencias, desgraciadamente no únicas, demuestran la dimensión del problema que supone el crecimiento del localismo ante la crisis, ciertamente “global”, pero ante la cual nos resulta tremendamente difícil establecer líneas de acción “globales”, conjuntas y solidarias cuando surgen tendencias precisamente localistas y proteccionistas frente a los diversos fenómenos que la propia globalización conlleva en los desplazamientos de la actividad productiva, de los bienes producidos y de las personas..

Me estoy refiriendo a situaciones como las de la refinería de Lindsey en el Reino Unido. Y lo que estos días está sucediendo en los proyectos industriales y de empleo de Magna-Opel y las posiciones contradictorias de los sindicatos de los diferentes países –Alemania, Reino Unido, Bélgica, España- en defensa legítima del propio empleo, pero concluyendo acuerdos separados –desde la debilidad de la división y de esencia corporativa de país- con la multinacional, sin capacidad de coordinación y de propuesta única y solidaria, que debería liderar la correspondiente Federación Sindical europea o la Confederación Europea de Sindicatos.

Una pregunta aún para incidir en el planteamiento del reciente 7 de octubre: Para exigir el desbloqueo de los convenios en España (allí donde estuvieran bloqueados), ¿necesitábamos apelar a la violación de los derechos del trabajo en Bangladesh o en China? Para reclamar el derecho a un trabajo digno, con evidentes violaciones también en España, ¿hemos de diluir el sentido de esta jornada de acción, que parecía primar el concepto de solidaridad mundial en defensa de los derechos del trabajo globales, para situar prioritariamente los objetivos particulares de cada lugar? ¿Se pueden contabilizar como sumandos movilizaciones por objetivos dispares?

Entendiendo la acción colectiva como instrumento esencial para la conciencia colectiva de la clase trabajadora, los objetivos de la acción sindical del día a día, en cada lugar, y en torno a sus exigencias más inmediatas, ¿debe servir de excusa para poder participar en una jornada de acción mundial, primando lo corporativo local en lugar de lo colectivo global, en lugar de practicar la solidaridad global entendiendo que interesa también a quienes la ejercen, sin miedo a colocar en esta fecha como prioritario lo global, sin esconderlo detrás de lo particular?

Por ello entiendo que las convocatorias del 7 de octubre de 2008 y 2009, que han constituido un acierto en su formulación inicial, lo han resultado mucho menos en su desarrollo concreto. Este año ha sido por ello, en mi opinión, una ocasión perdida al diluir un motivo unificador y central en una suma de reivindicaciones, legítimas y necesarias, pero que en cada lugar deben tener y tienen dinámicas y objetivos propios y que no precisaban de una jornada de acción sindical “mundial”. Salvo que en ésta se planteara un objetivo central “mundial” resultado de aquellas, como podía ser el “pacto mundial para el empleo” preconizado desde la CSI y la OIT.

Los pobres resultados de este 7 de octubre 2009 confirman además que la prioridad en objetivos particulares dificulta la coincidencia en la acción, ya que lo particular se traduce también en formas y momentos de movilización no necesariamente coincidentes.

Unas notas aún en relación con los que considero planteamientos necesarios para avanzar hacia el sindicato “global”:

o Hay que concretar reivindicaciones “globales”, capaces de unificar conscientemente las exigencias sindicales y las movilizaciones para conquistarlas, que sean expresión de intereses “globales”, superadores de los intereses particulares, resultado de su evidente heterogeneidad, y capaces al mismo tiempo de tutelar éstos.

o Es necesaria una conciencia colectiva de que tales intereses particulares existen y pueden resultar contradictorios: como son las deslocalizaciones, el proteccionismo, las medidas antidumping, …, de modo que deben existir instancias sindicales supranacionales, capaces de mediar entre los diversos ámbitos en los que se plantean, buscando su síntesis, partiendo de un respeto (incluso una protección) de lo contradictorio, interviniendo cuando se traduce en confrontación y haciendo frente directamente a algunas de sus expresiones (xenofobia, …).

o En la defensa de intereses globales, particularmente en el ámbito de las empresas multinacionales, un instrumento necesario es la intervención sindical en la definición, aplicación, control y corrección de sus incumplimientos, de los compromisos de Responsabilidad Social de las empresas. Lo que además debe contribuir a la gobernanza mundial en ausencia de un ordenamiento jurídico internacional de directa y eficaz aplicación.

o Desde la perspectiva de los intereses colectivos globales, es necesaria una capacidad de dirección (y por ello de decisión), no sólo de coordinación (como actualmente ejercen en el mejor de los casos), por parte de las instancias sindicales supranacionales, con órganos de efectiva dirección, no sólo de coordinación.

o Para tal capacidad de decisión y dirección es imprescindible una delegación expresa de competencias a aquellas desde las instancias nacionales, delegación que no se ha producido aún y ante la que se manifiestan reticencias comprensibles pero de necesaria superación.

o Se precisa una interlocución sindical-empresarial en ámbitos supranacionales, globales, con capacidad de negociación y acuerdo de pactos de directa incidencia en las condiciones de trabajo y de vida a todos los ámbitos inferiores. Las evidentes también reticencias empresariales a este tipo de interlocución-negociación sólo se podrán vencer con objetivos comunes y solidarios y con una común y solidaria movilización.

o Es necesario al mismo tiempo que las instancias sindicales supranacionales incidan en las instituciones mundiales (OMC, “G20”, …), como ha empezado a intentarse con cierto éxito.

o Todo ello supone elaborar una plataforma básica para dichas negociaciones, con los derechos básicos comunes en el ámbito considerado.

o Para tales objetivos hay que potenciar la aún hoy muy limitada capacidad de movilización sindical supranacional, planteándosela desde los centros de trabajo, lo que exige una mucho mayor comprensión por parte del colectivo de la clase trabajadora de la incidencia de los temas internacionales en las condiciones diarias de empleo y de trabajo en cada centro de trabajo.

o Y concretar formas de movilización supranacional. No podemos quedarnos sólo en euromanifestaciones. Son necesarios otros “7 de octubre”, distintos a los dos primeros en sus contenidos reales y en sus formas de movilización. ¿Para cuándo huelgas generales de ámbito sectorial o territorial, supranacionales? Porque las actuales limitaciones para su posible convocatoria no son en mi opinión sólo, ni fundamentalmente, de orden legal.

o La necesaria capacidad de decisión de los órganos sindicales supranacionales, y la posible eficacia directa de sus acuerdos, exige nuevas formas de funcionamiento sindical supranacional. Reglas para los acuerdos mayoritarios, que no supongan capacidad de veto, pero que tengan en cuenta las heterogéneas tradiciones sindicales, los desequilibrios afiliativos, de representación, de implantación, de movilización, también financieros, superando bastantes de las prácticas actuales no asumibles para esos nuevos cometidos.

o En la lógica de la defensa y reivindicación de derechos “globales” básicos del trabajo, habrá que plantearse la de mínimos en todos los ámbitos (también en salarios, lo que no es sólo un problema de cifras), superando miedos comprensibles pero inadecuados a que tales niveles mínimos perjudiquen a los que tienen un status superior. Y no sólo por generosa solidaridad, sino por interés propio de todos, lo que es precisamente la mejor base para plantear una eficaz solidaridad.

Se trata, en definitiva, de construir el “nuevo internacionalismo sindical”, considerando la acción sindical internacional como un elemento esencial en la estrategia sindical y una referencia necesaria para la acción sindical diaria

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Recibid querid@s amig@s un cordial abrazo, con la intención de que estas notas contribuyan al trabajo inmediato del Observatorio, suscitando algunos elementos de reflexión y, si cabe, el correspondiente debate, sin miedo a la polémica, con la ventaja de que este seminario, y el Observatorio que lo organiza, no constituyen órganos de dirección ni de decisión, sino de reflexión, lo que nos permite abordar en este caso un tema complejo. Un tema de un ámbito que nos desborda, pero en el que estamos insertos, en el que se manifiestan solemnes afirmaciones, pero con escaso debate aún.

En todo caso, mi amigo ya me dirá si estas notas van en el sentido que él me sugería.

Octubre 2009"