sábado, 28 de abril de 2012

Repsol, Bolivia e YPF - Algunos datos más para entender lo que está pasando

La agencia  Reuters/EP decía el 17 de abril desde La Paz:

"El presidente boliviano, Evo Morales, ha asegurado que la expropiación del 51 por ciento del capital social de la compañía argentina YPF, filial de la española Repsol, no afectará a las operaciones que realiza la compañía presidida por Antonio Brufau con la petrolera estatal boliviana, Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB).

'Estoy convencido de que (el caso YPF) no influirá para nada a Bolivia porque nuestros acuerdos firmados son empresa a empresa y con la confianza de los Gobiernos de España y de Bolivia' ha afirmado Morales en una rueda de prensa"

Y el 27 de abril, desde Madrid, la agencia EFE informaba:

"Campo Margarita, Tarija (Bolivia).- El presidente de Bolivia, Evo Morales, inaugura una segunda planta de Repsol procesadora de gas, cuya producción se destina a Argentina"

viernes, 20 de abril de 2012

POR UN SINDICALISMO EUROPEO QUE ASUMA SU DIMENSIÓN GLOBAL

Éste es el título del trabajo que me han pedido para el nº 18 de GACETA SINDICAL (que con el título de "Refundar la Europa Social" va a publicar la Confederación Sindical de CCOO) y en relación con el cual supongo se me perdonará la incursión en los temas de la crisis que contiene el cuerpo del artículo y el añadido que incorporé como "posdata" a los pocos días de haberlo entregado.

En su introducción se dice:

Dudaba entre este título y “¿Entiende y practica el sindicalismo europeo que constituye una parte del sindicalismo global?”, aunque entre ambos, señalando un objetivo y una duda, queda bastante resumida mi posición al respecto, lo que intentaré explicar en las páginas que siguen.

Se trata sin duda de una cuestión que trasciende de la coyuntura del momento y que corresponde plantearla en el sindicalismo de la globalización, pero en el marco de la actual crisis puede adquirir unas especiales características.

En Europa la crisis plantea le necesidad de una respuesta más europea, más solidaria, más coherente, con más sindicalismo europeo, más acción sindical europea, para hacerle frente. Y no sólo como suma de sindicalismos nacionales.

Y cuando la crisis supone un reto para el “modelo social europeo”, resulta aún más necesario entender que no es posible su defensa, su necesaria permanente construcción, sin situarnos en el marco del mundo global, sin superar unas dificultades que tienden a encerrarnos en los marcos más pequeños, más inmediatos. La necesaria batalla contra la individualización de las relaciones de trabajo no puede detenerse ante los muros de cada empresa, ni ante las fronteras de cada país, tampoco ante las europeas.

En la evidente internacionalización de las relaciones de producción y comercio no podemos limitar la proclamada necesidad de una “globalización de los derechos” a una exigencia de papel. Hay que conseguir que la dimensión global de la acción sindical esté presente en el sindicalismo de cada día. Es éste hoy uno de los grandes retos del sindicalismo europeo y un problema que va más allá de las grandes palabras.


El texto completo se encuentra en:

http://www.fiteqa.ccoo.es/comunes/recursos/29/doc102432_Por_un_sindicalismo_europeo_que_asuma_su_dimension_global.pdf

miércoles, 18 de abril de 2012

Acción Sindical 2012 en relación con la Responsabilidad Social Empresarial

FITEQA-CCOO y la Fundación Paz y Solidaridad de CCOO estamos organizando diversos talleres con las Secciones Sindicales de CCOO en varias empresas multinacionales de cabecera española (REPSOL, INDITEX y GAS NATURAL), o con una importante estructura industrial e implantación sindical en nuestro país (MICHELIN).

Su objetivo es poner al día nuestras experiencias de acción sindical en relación con la RSE e impulsar la proyección supranacional de nuestra actividad, cuestión en la que los compromisos empresariales en RSE y la intervención sindical en su seguimiento y corrección de sus incumplimientos adquieren cada día mayor significación.

Para estos talleres las referencias esenciales están siendo el balance de la ya importante actividad de FITEQA-CCOO en esta cuestión, la experiencia concreta en cada una de las empresas y el examen de sus Memorias anuales de Sostenibilidad.

El guión de mi intervención introductoria en estos talleres se encuentra en:


http://www.fiteqa.ccoo.es/comunes/recursos/29/1263866-RSE_y_accion_sindical_2012.pdf

sábado, 14 de abril de 2012

China: Los aumentos salariales impulsan la robotización de la industria manufacturera

La agencia de noticias Bloomberg informa de una de las consecuencias del incremento de los salarios en el país como es el rápido proceso de robotización de la industria manufacturera, concretado en la compra de robots (15.000 en 2011, 20.000 previstos este año) o en el incremento de la capacidad de montaje de sus instalaciones en China de la multinacional alemana Kuka AG, que ha pasado de 1.000 unidades en 2010 a 5.000 en 2012.

Hasta este momento el principal destino de los robots era la industria automotriz, aunque se apunta ya su progresiva utilización por los fabricantes de semiconductores, en la industria electrónica, así como en la industria alimentaria.

Confirmando indirectamente esta apreciación, la OIT, en su Informe sobre Tendencias Mundiales del Empleo 2012, publicado el 24 de enero, señalaba que en el primer trimestre de 2011, unas 13 provincias chinas habían incrementado sus salarios mínimos en un promedio del 21 %.

No tenemos sin embargo aún noticias de cómo el sindicalismo chino, el necesario nuevo sindicalismo, incide en esta realidad, pero es evidente que estos incrementos salariales deben relacionarse con el proceso de fondo que se traduce en oleadas de huelgas cada vez con mayor frecuencia. 


viernes, 30 de marzo de 2012

SINDICATO Y POLÍTICA – VIII

Siguen las conversaciones con Carlos Mejía y José Luis López Bulla, iniciadas en torno a la “Autoreforma” del sindicalismo latinoamericano

 

A partir de las últimas aportaciones de ambos compañeros (http://lopezbulla.blogspot.com.es/2012/03/sindicato-y-politica-continuacion-del.html y http://www.sindicalistas.net/2012/03/sigue-la-conversa-con-isidor-boix-y.html ) creo que vamos derivando hacia un planteamiento más global de la problemática que plantea la relación entre sindicalismo y política. Hemos situado ya tres fórmulas para esa relación: “dependencia”, “interdependencia” y “complementariedad”, ésta última formulada por el amigo Carlos en sus últimas consideraciones.

Desde la evidencia de la relación entre sindicalismo y política como expresiones de acción social colectiva, me parece útil afinar en los matices que las diferencian. En mi última aportación a estas conversaciones apuntaba mi idea sobre la diferencia entre “dependencia” e “interdependencia”: “Considero ésta como una relación mutua desde la igualdad, de recíproca influencia entre sindicalismo y política, mientras que la ‘dependencia’ significa una relación de subordinación en uno u otro sentido.”

Por otra parte el concepto de “complementariedad” apunta en mi opinión a una mutua necesidad. Y estaría de acuerdo si se establece entre “sindicalismo” y “política”, pero menos entre “sindicato” y “partido”. Comisiones Obreras somos un ejemplo de sindicato que no precisa de un partido como referente, por tanto de un sindicalismo que no necesita de un “partido obrero”, de un “partido guía” como han afirmado tener en general los sindicatos ligados a los partidos comunistas y muchos de los vinculados a los partidos socialdemócratas. Y, al mismo tiempo, CCOO somos un sindicato que sí hace política (1) , que sí interviene en la política, que no tiene miedo a que se califique de “política” su acción, saliendo así además al paso de esta cultura, tan negativa en mi opinión, de considerar como peyorativa la calificación como “políticas” de determinadas propuestas o actitudes, que incluso provienen de partidos políticos. La complementariedad en este caso sería entre la acción sindical y la acción política, integrando también ésta como posible componente de aquella.

Desde la positiva complementariedad de sindicalismo y política reivindico la mutua “independencia”, que desde el sindicalismo español hemos venido formulando más bien como “autonomía”, quizás asumiendo sin expresarla tal complementariedad.

No comparto sin embargo la idea de necesaria complementariedad entre partido y sindicato porque apunta a una relación de mutua necesidad, como formas organizadas entre las que se establecerían por ello inevitables lazos de dependencia en uno u otro sentido.

Carlos Mejía me acusa (como polemizante, no como fiscal) de considerar el efecto político de transformación social de la acción sindical como “inconsciente o no deseado”. Pues no es ésta mi concepción, y no creo que pueda deducirse tal idea de mi formulación. Solamente he señalado, y lo reitero, que entiendo las consecuencias transformadoras de la acción sindical resultantes precisamente del carácter de “clase” del sindicalismo y de la incidencia política de su acción social colectiva, como expresión de los intereses del colectivo de los asalariados, sin necesidad de anteponerle objetivos políticos programáticos previos, ni guías externos. En nuestras “Conversaciones en Colomers” recién publicadas y presentadas, José Luis apunta posibles derivas de espontaneísmo en mis planteamientos (3). No pretendo polemizar ahora con la atribución de tal calificativo, sino reiterar mi idea de que hoy la acción organizada de la clase trabajadora debe arrancar de la elaboración, desde el propio sindicato, de sus objetivos colectivos, “sin reyes ni tribunos”, ni internos ni externos. Ello no impide que en este proceso los sindicalistas con concepciones políticas, militantes o no de organizaciones políticas, hagan sus propuestas en base a tales concepciones, ni se contrapone a que sindicalistas, dirigentes sindicales, sean a la vez militantes y dirigentes de partidos políticos.

Seguramente la mejor defensa frente a situaciones de dependencia radique en la efectiva democracia en la vida interna del sindicalismo, tanto para la definición de objetivos colectivos como de formas de acción, también en la elección de los órganos de dirección a todos los niveles. Sé que no es fácil evitar la manipulación en uno u otro ámbito y a ello deberían contribuir las normas internas, aunque podría resultar más eficaz la positiva tensión interna, el nivel de efectiva participación de los afiliados, de los militantes.

Desde esta perspectiva considero que a ello puede contribuir una norma de incompatibilidades, por lo que me parece interesante abordar el tema también desde las observaciones de José Luis y sus referencias a nuestras opiniones en 1976. Las mías efectivamente se enmarcaban en lo que era mi concepción leninista desde los postulados del eurocomunismo (2) . Hoy mis propuestas concretas, y las consideraciones que las sustentan, son distintas, precisamente como resultado de la experiencia de la acción de las organizaciones políticas que se reclaman de la clase obrera, por lo que entiendo conveniente regular tales incompatibilidades en las organizaciones sindicales.

Quisiera sin embargo volver sobre la complementariedad para afirmar que no entiendo en absoluto incompatibles la acción sindical y la militancia política en una misma persona, ni incluso tampoco el desempeñar funciones de responsabilidad y/o representatividad en ambas. Seguramente éstas deberían ser solamente incompatibles en niveles o ámbitos que pudieran inducirle a aplicar decisiones tomadas en órganos de dirección del partido en su acción sindical violentando la necesaria democracia participativa en el sindicato.

Todo ello me parece de interés precisamente ahora, cuando a lo largo del Siglo XX han fracasado en sus políticas concretas, sobre todo cuando han ejercido el gobierno absoluto, los diversos postulados ideológicos autodefinidos como expresión de los intereses de la clase trabajadora, particularmente los que han preconizado la “dictadura del proletariado”.

En todo caso, y para acercarnos de nuevo a Latinoamérica y al origen de nuestras “conversaciones”, me parecería muy útil un riguroso análisis de las experiencias de la relación entre sindicalismo y política, entre partido y sindicato, en países como Argentina, México y Brasil, y también Cuba, Perú y Colombia, en relación con los cuales tengo algunas ideas por experiencias directas vividas, pero que me gustaría conocer más profundamente. El próximo Congreso de la CSA y la vocación de “autoreforma” del sindicalismo latinoamericano van sin duda a aportar elementos de gran interés.


(1) Un buen ejemplo, estos días, es la Huelga General de ayer, 29 de marzo, que es efectivamente una huelga “política”, legítimamente política, porque confronta con la política económica y las reformas legislativas promovidas por el Gobierno Rajoy

(2) Esto sería otro interesante debate del que precisamente estos días algo hemos recuperado a propósito del librito sobre nuestras “Conversaciones en Colomers”, editado por Comisiones Obreras de Catalunya y relativas a los debates, “inconclusos” o “abortados” en los años 70 del siglo pasado en el PCE, en el PSUC y en CCOO, sobre la construcción del sindicalismo unitario y el papel de la acción obrera en la última etapa del franquismo, en el camino hacia la democracia en España

(3) Me refiero ciertamente, como señala José Luis, a nuestros debates de los años 70

sábado, 17 de marzo de 2012

Conversando sobre la “Autoreforma sindical” - V - Bienvenida al amigo José Luis López Bulla terciando. La democracia como antídoto a las dependencias

Quiero en primer lugar saludar la incorporación de José Luis a estas conversaciones, que iniciamos Carlos Mejía y yo, por dos razones. En primer lugar por la dilatada, intensa y extensa, y autorizada, experiencia de José Luis en temas sindicales. Y en segundo por haberlas acogido en su acreditado y prolífico blog, que se ha convertido en un referente en medio mundo, quizás más incluso.

En su primera entrada a estas conversaciones (más que debate) sobre la “autoreforma sindical” incorpora José Luis un tema clave en mi opinión: la democracia, la democracia como antídoto a las dependencias, me atrevería a apostillar. A ello quiero referirme en esta quinta entrega.

Antes, una observación sobre “dependencias” e “interdependencia”. Considero ésta como una relación mutua desde la igualdad, de recíproca influencia entre sindicalismo y política, mientras que la “dependencia” significaría más bien una relación de subordinación en uno u otro sentido.

Volviendo a la democracia como instrumento esencial de la autonomía o independencia, en la medida que supone la dependencia del propio colectivo por parte de sus órganos de representación y dirección. Democracia como forma de relación interna, y en un doble sentido también, ya que no supone solamente que los grupos dirigentes, de gobierno, pregunten, sino que además dirijan, orienten, con capacidad para auscultar el resultado de su gestión. Y para ello será necesaria no sólo la voluntad de hacerlo, la capacidad para hacerlo bien. Serán necesarias también normas, como apunta José Luis. Algunas de tales normas pueden referirse, por ejemplo en los estatutos de nuestra Confederación de Comisiones Obreras, al régimen de incompatibilidades entre los órganos de dirección y de responsabilidad del sindicato respecto de los políticos, de los partidos e institucionales.

Seguramente es útil añadir que el ejercicio democrático en toda organización supone la combinación de las normas adecuadas con una voluntad no sólo de cumplirlas formalmente sino de asumir sus objetivos. Voluntad en los órganos de dirección y voluntad también en el conjunto del colectivo.

Plantea José Luis una interesante reflexión sobre el tema referido también a los procesos de negociación colectiva, tanto en la elaboración de las plataformas como en la firma de los posibles acuerdos. Yo añadiría que considerándolo casi más importante en la propia elaboración de la plataforma, es necesario que este ejercicio democrático, de relación entre la dirección y el colectivo, debe también desarrollarse a lo largo de todo el proceso de negociación. Y de nuevo los contenidos pueden ser más importantes que la propia fórmula de resolución final, como puede ser un referéndum. Algunos ejemplos interesantes en este sentido aparecen en la historia del sindicalismo italiano.

Y otra consideración aún. Pueden haber dos niveles de democracia. La interna de la organización y la de la relación de ésta con el colectivo al que pretende organizar, lo que es particularmente importante en el sindicalismo. De hecho, esto plantea el problema, otro y muy interesante, del propio concepto de organización "de vanguardia" y el sentido de ésta, o de organización "de masas" y su necesaria diferenciación,  pero ello podría ser objeto del posterior desarrollo de esta conversación a 3 bandas.

Lo escrito hasta ahora, las 4 primeras entregas, se puede seguir a través de la última de José Luis al respecto:




OTROSI: al ir a colgar estas notas en mi blog veo que José Luis ha incorporado ya al suyo un “borrador” de su intervención en la prevista próxima presentación, el 26 de marzo, de otras conversaciones, “Conversaciones en Colomers”, que sobre la transición sindical y política en España abordamos con nuestro amigo Carles Navales, que nos dejó en 2011, y coordinados por Javier Tebar:



En realidad se trata de algo bastante relacionado con estas conversaciones de 2012 porque arrancaba del eterno tema de sindicalismo y política. Pero también muy distinto. Para complementar las consideraciones de José Luis, algunas notas: el quehacer diario de la política y el sindicalismo se orientaba en primer lugar a la constitución de ”espacios de libertad” en el marco de unas instituciones formalmente fascistas y al ejercicio de derechos conquistados día a día; el instrumento del “Congreso Sindical Constituyente” se pensaba como proceso para crear el “Sindicato unitario”, que emanaba de los centros de trabajo (1 delegado por cada 10.000 trabajadores, no por x afiliados), y no precisaba de una “ruptura” previa, sino que sería una contribución a la misma; hablábamos de “Huelga General” , pero le añadíamos “Política”, porque tenía que ser elemento clave para esa ruptura, con el protagonismo determinante de la clase trabajadora, y estímulo, definitivo, para la “Huelga Nacional Pacífica” como “revolución democrática” de toma del poder. De todo ello hablamos en Colomers, en el libro queda registrado, y algo comentaremos el 26 de marzo.

miércoles, 14 de marzo de 2012

Respuesta al compañero Carlos Mejía sobre la "Autoreforma" sindical y la interdependencia entre sindicalisnmo y política

En su blog el compañero Carlos Mejía, dirigente de la CGTP peruana, responde (http://www.sindicalistas.net/2012/03/sobre-la-autoreforma-sindical-la.html)  a mi artículo (http://iboix.blogspot.com/2012/02/la-autoreforma-en-el-sindicalismo.html)  sobre la autoreforma que se ha planteado el sindicalismo latinoamericano y que, como método y objetivo, seguramente sería una buena propuesta para el sindicalismo global.

Responde Carlos particularmente a mi afirmación de que considero como principal problema del sindicalismo latinoamericano su “dependencia de la política”, entendiendo que tal dependencia se manifiesta de forma distinta en los diversos países y en una doble dirección: del sindicalismo respecto de la política y de ésta respecto de aquel.

Entiendo que más allá de si existe o no “dependencia” y el concepto de la misma, puede ser de interés profundizar en la evidente, inevitable, y no necesariamente negativa, relación entre ambos, para luego corregir, superar, sus posibles, y quizás inevitables, consecuencias negativas. Por ello voy a plantearlo en términos de “interdependencia” para ayudarnos a discutir sobre esta relación y para, al mismo tiempo, superar las “dependencias” en uno u otro sentido.

Señala Carlos diversas situaciones que entiende avalan su desacuerdo con mi tesis sobre la negativa dependencia. Coincido con prácticamente todas sus observaciones aunque en mi opinión apuntan más bien a carencias que deberíamos superar, sin resolver sus causas. Por ejemplo su dura crítica a la ORIT, que esencialmente comparto, tiene el principal defecto en mi opinión de formularla de forma unilateral, en la medida que es en buena parte expresión de la “guerra fría” y debería por ello ir acompañada de una consideración similar al sectarismo contrario, también evidente, aunque es ciertamente éste el que recibió brutales agresiones de las dictaduras latinoamericanas apoyadas por la CIA, en ocasiones con la complicidad de la ORIT. Pero ser víctima no garantiza tener razón, lo que deberíamos recordar en las demasiadas veces que se plantea esta cuestión. Por suerte hoy la Confederación Sindical de las Américas, la CSA, con el apoyo de la Confederación Sindical Internacional, la CSI, está jugando un importante papel para superar esta negativa historia y avanzar hacia la unidad del sindicalismo americano a partir de su decidida voluntad de hacer algo esencial: sindicalismo de clase, es decir del colectivo de la clase trabajadora. Con una apostilla: el concepto de “clase”, que considero característica esencial del sindicalismo, tiene en si mismo un carácter claramente corporativo al expresar la existencia de un colectivo social con lógicamente intereses colectivos como tal y cuya definición y reivindicación desde el propio sindicalismo constituye uno de sus rasgos esenciales, más allá de los intentos de definirlos desde otros colectivos autoerigidos en vanguardia del mismo.

Pero no es mi objetivo, y estoy convencido que tampoco el de Carlos, pasar cuentas a la historia, sino partir de ésta para intentar entenderla, no olvidando sus posibles lecciones, para avanzar en el objetivo de construir el sindicalismo global que necesitamos.

Para ello considero como cuestión esencial en la relación entre sindicalismo y política, entre sindicato y partido, profundizar en las características de estas dos formas de organización y acción colectiva. Porque la naturaleza del sindicato como “organización de intereses” de un colectivo, la clase trabajadora, le diferencia profundamente del partido como colectivo organizado en torno a un proyecto ideológico, a unas propuestas “políticas” que tienen como objetivo alcanzar el apoyo mayoritario de la sociedad, de una sociedad interclasista, aunque en su planteamiento se parta de los supuestos intereses de una parte de ésta, de la clase trabajadora por parte de los partidos que se reclaman de la misma.

La relación partido-sindicato, sindicato-partido, podría ser conceptualmente distinta según se pretenda la construcción democrática o revolucionaria del futuro . Y es ahí también donde debe integrarse la reflexión sobre la necesaria “acción política” del sindicalismo. Una acción que en mi opinión debe partir de los intereses concretos del colectivo de la clase en cada momento y no de la estrategia del partido, incluso de la del partido que puede haber jugado o esté jugando un papel determinante en el impulso de la actividad sindical. En una vieja, aunque quizás aún de interés, discusión nuestra en los años 70, sobre el “eurocomunismo” diferenciábamos entre “partido dirigente” y “partido dominante”, con el concepto de “dirección” (por parte de los que apostábamos por la ruptura con el estalinismo) como aportación de ideas, de propuestas, de estímulo de la discusión, y a la vez mediante el impulso de la más amplia democracia de masas, sin prácticas conspirativas internas.

Es desde esta perspectiva que quiero recuperar otra faceta de este debate: considero que el sindicalismo no debe plantearse la transformación de la sociedad desde un proyecto de futuro, desde la utopía, sino que debe contribuir, contribuye, a su efectiva transformación a partir del planteamiento, y la acción, de defensa de los intereses y reivindicaciones en cada momento de un colectivo tan importante en nuestras sociedades como es la clase trabajadora, el colectivo de los asalariados.

Y hablando de sindicalismo global, me permito recuperar una de mis referencias, como es la necesidad de considerar cuál es el colectivo, y cuales sus intereses, en los diversos ámbitos en que deberíamos considerar la clase trabajadora con los colectivos de la misma que en cada uno se constituyen. Porque no es lo mismo el ámbito nacional que el regional-continental, o el mundial. Las evidentemente heterogéneas condiciones de trabajo, salariales y otras, generan necesariamente distintas consecuencias. Serán distintos los intereses inmediatos que derivan de su distinta ubicación en las cadenas de producción de las multinacionales. Pero precisamente por estas diferencias es necesario saber encontrar, establecer, los intereses comunes en los diversos ámbitos para, en torno a ellos, concretar las reivindicaciones comunes, integradoras, movilizadoras, en cada ámbito. Porque son éstas las que posibilitan una movilización unitaria y solidaria en dicho ámbito.

No es éste aún un tema resuelto, aunque en Europa hemos empezado a comprobar las consecuencias de su indefinición. Hemos desarrollado bastantes “jornadas de acción europeas”, pero han sido más bien jornadas de acciones nacionales coordinadas, coincidentes en una fecha, con escasa conciencia de movilización unitaria europea, pues para ella, y para que sea eficaz, son necesarios interlocutores europeos, interlocutores empresariales e institucionales con los que negociar acuerdos en el ámbito en el que se plantean los objetivos, objetivos europeos. La historia sindical nos enseña que las movilizaciones conscientes en un determinado ámbito acaban por contribuir a la creación de interlocutores en dicho ámbito. Por ello precisamente conviene subrayar que por importantes que hayan sido las “euromanifestaciones”, no pueden ser, como han sido hasta ahora, la más elevada expresión de la movilización sindical europea. No se ha asumido aún de forma clara en el sindicalismo europeo la necesidad de avanzar hacia nuevas y más claras formas de acción sindical europea aunque la crisis está demostrando que en la política económica de cada país lo determinante es la política económica europea que decide la “troika”. El reciente artículo conjunto de los Secretarios Generales de los sindicatos españoles, franceses, italianos, belgas y alemán algo avanza en este sentido.

Volviendo a las consideraciones de Carlos Mejía, no estoy muy seguro de que las experiencias que nos cita de relación entre sindicato y partido sean tan positivas. Argentina (CGT y peronismo), Méjico (CTM y PRI) o Brasil (CUT y PT), apuntan ciertamente a experiencias de un interés indudable, y muy distintas entre sí, en torno a las cuales me gustaría conocer las reflexiones de sus propios protagonistas y su incidencia en las condiciones de vida de los trabajadores de cada país y en posibles procesos de transformación social y de profundización democrática. Reconozco sin embargo que, en su diversidad, tales experiencias me suscitan ciertas dudas. No comparto en cambio su consideración de que en Europa el problema radique en la “distancia entre el sindicato y los partidos de izquierda” como una causa de la supuesta realidad de que “los trabajadores en Europa votan a la derecha”. Interesantes a tal efecto serían las experiencias de los procesos de autonomía sindical respecto de los partidos de referencia, y el examen de las tensiones que han comportado o comportan, como sería el de CCOO respecto de las organizaciones comunistas, o el de la UGT respecto del PSOE, así como en Francia, Alemania o Gran Bretaña. Éste sería ciertamente otro debate de interés, aunque no tan alejado del latinoamericano sobre la autoreforma.

Una observación en relación con las lógicas tensiones entre sindicato y partidos, aún cuando éstos se consideren “hermanos” y tengan incluso raíces comunes en su historia. En una sociedad democrática me parece inevitable, y además lógico y saludable, que cuando llega al gobierno el partido al que de una u otra forma apoya el sindicato, se produzcan tensiones entre ambos. Y ello debe ser así entre otras razones, o como razón esencial, porque el gobierno debe atender a intereses comunes que resultan de la síntesis de los de los diversos colectivos que integran la sociedad (de una sociedad, como todas las que la historia de la humanidad conoce hasta ahora, interclasista), mientras que el sindicato debe defender los intereses de la clase trabajadora, que, aunque mayoritaria, no puede pretender monopolizar el gobierno del país.

Algo de esto hemos vivido en España con los gobiernos del PSOE, experiencias similares se han visto en Europa (Gran Bretaña, Alemania, Italia, …) y estoy convencido que algo en este sentido han vivido, y están viviendo, en Latinoamérica las relaciones sindicato-partido en los países democráticos en los que partidos de izquierdas han llegado al poder. Una cuestión que subraya la necesaria, aunque no fácil, autonomía mutua de partido y sindicato, de sindicalismo y política de gobierno. Me atrevería a afirmar que los gobiernos de izquierdas necesitan la tensión con los sindicatos para avanzar en sus propuestas de progreso y para que, desde la recíproca autonomía, ambos puedan desempeñar a fondo sus cometidos.

Conviene por todo ello seguir con interés el desarrollo del debate latinoamericano sobre su autoreforma, así como las iniciativas sindicales que de él resulten, porque se trata no sólo de la construcción del sindicalismo en esta importante región mundial, sino, sobre todo, porque supone una parte esencial en la construcción del sindicalismo global.

Y, también, porque podría constituir una positiva referencia para el revulsivo que necesita sin duda el sindicalismo europeo y que podríamos también reivindicar como nuestra “autoreforma”.

Termino estas notas agradeciendo de nuevo al amigo y compañero Carlos Mejía mantener abierta la puerta del diálogo, de la polémica, sin miedos y sin anatemas, porque se trata de un tema en el que todos estamos interesados y para el que todos hemos de reconocer que no tenemos, porque probablemente no exista, la fórmula que nos resuelva las dudas. Y, desde las dudas, hagamos el esfuerzo de profundizar en los temas que de ellas derivan. En todo caso creo que hemos avanzado ya en algo, y es en el planteamiento del problema, lo que no deja de ser una imprescindible condición para resolverlo.