jueves, 29 de marzo de 2007

¿ES NECESARIO YA EL SINDICATO "GLOBAL"?


Isidor Boix
Secretario de Acción Sindical Internacional de FITEQA-CC.OO.
Miembro de las Comisiones Ejecutivas de las
Federaciones sindicales europeas FSE:THC y EMCEF, y de las internacionales FITTVC e ICEM*




Amigo lector o amiga lectora, si tu respuesta es negativa no es necesario que continúes leyendo, porque las notas que siguen no pretenden demostrar tal necesidad sino reflexionar sobre cómo conseguirlo, partiendo de mis respuestas radicalmente negativas a otras preguntas:



¿Tenemos ya tal sindicato “global”?, ¿se produce una negociación colectiva “global”? ¿existe una movilización sindical “global”?, ¿tenemos mayoritariamente conciencia de unas reivindicaciones, unos intereses, “globales”, asumidos colectivamente por la clase trabajadora y traducidos en organización, en torno a las cuales organizar la acción sindical “global”?. Estoy convencido de que la respuesta a todas estas preguntas es un “NO” claro y categórico.

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El sindicalismo en la “globalización”, en la “mundialización”. Los ámbitos y direcciones de la solidaridad


Dar por asumida la realidad de la “globalización” como fenómeno irreversible supone olvidarse, por inútiles, de las proclamas de “lucha contra la globalización”. Supone también asumir conscientemente que estamos situados en la acción sindical “en la globalización”. Entiendo por otra parte que la “globalización” no constituye algo tan novedoso como a veces parece, sino, en todo caso, un conjunto de fenómenos tan viejos como la propia división del trabajo, con una única aunque ciertamente importante variante, la de su ámbito: ahora lo es el mundo. Por ello quizás sería más exacto hablar de “mundialización” para dejar constancia de cuál es ya el ámbito determinante de muchos aspectos de las relaciones sociales, en particular de las relaciones de trabajo.

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Y una sugerencia o propuesta, con la modestia de hacerla a título individual: si el sindicato “global” supone, entre otras cosas, delegación de competencias desde los sindicalismos nacionales, sectoriales y territoriales, su construcción no podrá ser sólo resultado de las actuales estructuras sindicales supranacionales, sino que requerirá de un gran pacto sindical mundial, impulsado seguramente por esas estructuras, que concrete cuáles son las competencias delegadas, cuáles los procedimientos y requisitos para tomar acuerdos, y, como eje vertebrador, cuáles los objetivos centrales unitarios de la clase trabajadora mundial y las formas de acción sindical esenciales que permitan su permanente elaboración y su plasmación en movilizaciones unitarias de las trabajadoras y los trabajadores del planeta. Se trataría de un pacto, con una u otra denominación o forma, en el que habría que implicar también, directa o indirectamente, a las estructuras empresariales y a las instituciones supranacionales. Para ello seguramente serían también necesarias diversas formas de movilización sindical supranacional que ayudaran a convencerlas.
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*Este artículo aparecerá en breve en el próximo número de la Gaceta sindical

2 comentarios:

María José dijo...

Isidor, estoy completamente de acuerdo contigo. Creo que tarde o temprano esas conclusiones serán generales y llegaran también a ellas las personas que tienen en sus manos la solución, o al menos marcar las directrices, pero me temo que falta mucho camino por recorrer y que hacen falta muchas flores "per fer estiu". Soy vicepresidenta de un comité de empresa europeo, de matriz alemana, en el cual estan representados transporte, metal y comfia. Actualmente es imposible, a cualquier nivel, organizar un plan de acción conjunto. Ni tan siquiera acciones individuales con cierta lógica o perspectiva. Sabemos que llegaremos porque ese camino lo han marcado antes, pero ¿cuanto vamos a tardar a asimilar que colectivamente sólo hay un camino? ¿cuando dejaremos de defender nuestros terruños con uñas y dientes y entenderemos que la única manera de defenderlos y garantizarlos es la perspectiva, la globalización?
Gracias

AntoniPuigSole dijo...

Debemos ser cuidadosos y no situarnos en la estratosfera marcándonos objetivos necesarios pero aún difíciles de conseguir.
En lo concreto, vemos como el movimiento sindical español está profundamente dividido, y la normativa de las elecciones sindicales, en lugar de favorecer la unidad, acentúa la confrontación.
Los procesos productivos se fraccionan, y en un mismo centro de trabajo, confluyen empresas diferentes, pero no creamos organismos que unan a todos los trabajadores que sufren la explotación bajo un mismo techo.
La unidad europea está prácticamente paralizada y el movimiento sindical no es capaz de formular una propuesta a nivel europea que supere el actual atolladero.
Las empresa fondista se ha descompuesto dando lugar a una constelación de unidades productivas dispersas por toda la geografía pero nos cuesta situar la actividad sindical a lo largo y a lo ancho de toda la cadena de valor.
Tenemos comités europeos, pero nos faltan competencias que les den derechos, no sólo de información, sino también de participación y gestión.
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Aterricemos.