miércoles, 17 de octubre de 2018

SOBRE EL EMPLEO EN EL CAMPO Y LA CONTRATACIÓN “EN ORIGEN”


¿No  deberíamos  seguir  hablando?

El pasado 12 de octubre publiqué, en mi blog (http://iboix.blogspot.com/2018/10/alerta-companeros.html) y en mi hoja de Facebook el 13, unas notas al respecto que fueron reproducidas por José Luis en su blog “metiendo bulla” y compartidas por Quim González y otr@s compañer@s también en Facebook.

Me preocupó la posición de nuestra Federación sindical de CCOO, por lo que intenté suscitar la discusión sobre un tema que considero no menor. Por su incidencia en el campo español, seguramente más en el andaluz, y con algunas derivadas en relación, por ejemplo, con los trabajadores y las trabajadoras españoles/as que van a la vendimia francesa.

Una discusión necesaria cuando, como creo en este caso, se plantean  intereses no idénticos de colectivos de la clase trabajadora (como no lo son plenamente los de los trabajadores autóctonos y los contratados “en origen”), y es función del sindicato su síntesis a partir de la conciencia de superiores intereses colectivos que deben tutelar los de colectivos más reducidos, así como los individuales, orientando su desarrollo para que lo particular no lleve a olvidar los intereses comunes de clase.

Y, para incorporar algún elemento más de reflexión, y de debate si procede, no creo por otra parte que el 22,54 % de los trabajadores de la provincia de Almería, que están en paro, tengan por objetivo trabajar en el campo, aunque los empresarios del campo optaran (no creo que lo hagan) por mejorar unilateralmente la oferta salarial y de condiciones generales de trabajo.

Por todo ello insisto sobre el tema porque me ha sorprendido la ausencia de nuevas informaciones o de comentarios hasta este momento. 


viernes, 12 de octubre de 2018

¡Alerta, compañeros!


A propósito de unos pronunciamientos sindicales sobre la contratación en terceros países de trabajadores para el campo

A principios de este mes he visto en la página web de nuestra Federación de CCOO-Industria dos notas[1] que, con matices no idénticos, abordan la contratación en terceros países de trabajadores para el campo. “Sobre” o “contra” tal contratación, para mí una cuestión pendiente, importante sin duda, sobre todo en su traducción en la práctica sindical. Una nota es un planteamiento más general, otra se plantea en relación con Almería, una provincia con el 22,54% de paro y para la que, se nos informa, la organización patronal COAG propone traer un contingente de 4.000 personas de otros países (“en origen”).

Suscribo plenamente la denuncia que en ellas se hace de las precarias condiciones de trabajo en el campo y la exigencia de condiciones de trabajo dignas. También la exigencia de que se siga el procedimiento legal, que se cumpla con plena transparencia la legislación laboral y de inmigración (independientemente de las evidentes mejoras que precisa) para tal contratación.

Pero me preocupa mucho el apunte en ellas sobre la contratación “en origen”, sobre todo la afirmación de que “antes” de recurrir a tal contratación hay que “estimular el empleo de la población autóctona”. Me recuerda demasiado los planteamientos que estamos viendo en diversos países de “primero los nuestros”, de los que tenemos ya aquí algunas expresiones en algunos ámbitos de la vida colectiva social y política. Me recuerda también una dramática experiencia sindical, desgraciadamente no la única, en las refinerías inglesas de Lindsay, donde surgió el grito, que incluso hizo suyo el primer ministro Gordon Brown, de “empleo británico para trabajadores británicos”, y que llevó a graves enfrentamientos entre trabajadores británicos y otros italianos contratados por la empresa de refino.

Nuestro planteamiento sindical puede alentar actitudes xenófobas entre nuestros compañeros, entre los trabajadores del campo, los de las zonas afectadas, pues parece señalar una alternativa, y confrontación, en el empleo: “o ellos o nosotros”, o “nosotros primero”. Y alentar las afirmaciones de que “nos quitan …”. Es decir, podría llevar, entiendo que llevaría, a considerar que la primera confrontación que se plantea es entre dos grupos de trabajadores.    

Creo que hay que plantear el problema de otra forma. Pues existe ciertamente un problema, un  problema de empleo y de condiciones de trabajo. Un mismo problema, aunque afecte de formas no idénticas, para los trabajadores autóctonos y para los contratados en origen. Y, si se trata de un mismo problema, deberíamos encontrar una misma respuesta, que uniera a los dos grupos de trabajadores, que sumara fuerzas.

Y me atrevo a hacer alguna sugerencia.

El eje debería ser la igualdad de derechos de TODOS los trabajadores. Sin esperar a que la legislación (española y europea) lo recogiera, aunque hay que reivindicarlo también, debería plantearse como objetivo sindical prioritario que el convenio sectorial (subrayo lo de sectorial) de aplicación lo estableciera con claridad. Que concretara que las condiciones de salario, jornada, salud y seguridad, no discriminación, prevención de todas las formas de acoso, …, fueran de directa e igual aplicación a todos los trabajadores, independientemente de sus formas de contratación, con expresa inclusión de los trabajadores contratados “en origen”[2] en la aplicación de la igualdad efectiva. Y que tal contratación, así como las condiciones de trabajo de los así contratados, se hiciera con absoluta transparencia y, para ello, sometida al conocimiento de los representantes de los trabajadores autóctonos y de los contratados en origen. La igualdad de derechos, su plena y efectiva aplicación, insisto, es la mejor garantía para la necesaria igualdad de todas las condiciones de trabajo.

Tal iniciativa debería ir acompañada de una más estrecha coordinación con el sindicalismo de los países “de origen” para su participación en la iniciativa y propuestas sindicales, para que aportaran la necesaria perspectiva, su propia perspectiva, desde tales países. Y también para hacer extensivo el conocimiento de los planteamientos sindicales, sus resultados y las reivindicaciones pendientes, a los trabajadores así contratados, para que éstos supieran de sus condiciones de trabajo convencionales y legales, y de la acción sindical en marcha. Para lograr la imprescindible coordinación de la permanente acción sindical orientada a asegurar su adecuado y mejor cumplimiento, y para incorporarlos a esta acción sindical, así como a su periódica renegociación.

Ha sido ésta la primera ocasión en que ha llegado a mi conocimiento este tipo de problemática sindical. Probablemente no sea la primera en que objetivamente se plantea, pero es evidente que no se han producido hasta ahora en España demasiados síntomas de este evidente riesgo, y epidemia, de la xenofobia como epidemia en los países del Norte geográfico y social. Pero si entendemos el riesgo que deriva de los planteamientos del “nosotros antes”, y desarrollamos la necesaria iniciativa sindical al respecto, mejor nos irá, allí y en todas partes, pues se trata de una enfermedad muy contagiosa.

En resumen, hay que evitar todas las propuestas que llevan a situar a unos trabajadores “contra” otros, o “antes” que otros. Hay que conseguir la necesaria unidad contra las formas de explotación del trabajo en el campo, para una mejora solidaria de las condiciones de vida y de trabajo de todos.





[2] Salvando todas las distancias, sería útil recordar la evolución en la negociación colectiva y en la legislación de la equiparación salarial y de condiciones de los trabajadores de las ETT
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viernes, 5 de octubre de 2018

7 de octubre: una fecha y un significado cuya plena asunción sindical están aún pendientes


Cuando me invitan a actos sobre la acción social por el trabajo decente en el mundo, planteo a veces una pregunta a las personas asistentes: ¿Cuántas saben qué significa la jornada del “7 de octubre”? Y en alguna ocasión añado otras preguntas: ¿cuántas, de las que lo saben y de las que no lo saben, son sindicalistas? ¿cuántas, de las que conocen su significado, han planteado en su centro de trabajo alguna forma de participación? Y lo mismo sería interesante preguntar a quienes estén leyendo estas notas. No añado las respuestas, aunque sí quiero señalar que no resultan demasiado positivas.
Porque el 7 de octubre es, nada menos, la JORNADA DE ACCIÓN SINDICAL MUNDIAL POR EL TRABAJO DECENTE. Y, si no me equivoco, este año es el onceavo desde que lo instauró como tal la Confederación Sindical Internacional (CSI).
Leyendo algunas de las proclamas sindicales en torno a esta fecha me asalta otra preocupación cuando constato que muchas organizaciones sindicales convocan ese día en torno a sus particulares (ciertos sin duda) problemas de violaciones de los derechos básicos del trabajo en sus ámbitos específicos. Pero, ¿qué plantean el resto del año? ¿acaso los problemas apuntados no constituyen el eje de su acción sindical permanente, de cada día? Porque es evidente que en todos los países de relaciones sociales capitalistas hay agresiones a los derechos que definen el “trabajo decente”, tanto en los del Norte (geográfico y social) más desarrollados, como en los países emergentes, tanto en los que se basan expresamente en la propiedad privada y la explotación del trabajo ajeno, como en los que lo disfrazan con diversas fórmulas (China, Cuba, …).
Porque, si se convoca una jornada de acción sindical mundial por el trabajo decente, convendría en mi opinión centrarla en una reivindicación que en sí misma uniera a la clase trabajadora mundial, que justificara una convocatoria común. ¿Por qué no, algún día, una jornada de huelga mundial? (con mi inmediata afirmación de que no debería ser una convocatoria de “farol”, sino suficientemente asumida para que en su asunción y preparación participen millones y millones de trabajadores del planeta para que luego lo hagan en su desarrollo). Estoy simplemente proponiendo lo mismo que hacemos en una fábrica cuando se convoca una huelga por su convenio, o en un sector por su convenio sectorial, …, es decir con una reivindicación conscientemente común, que une, que justifica precisamente la coincidencia en el contenido y en el tiempo de la movilización. Y desde esta perspectiva de unidad y coincidencia, de coordinación y solidaridad, se vincula conscientemente esta reivindicación central, la más movilizadora, con las particularidades de cada lugar, de cada colectivo, incluso de cada persona.
Para la “jornada mundial de acción por el trabajo decente” entiendo que la reivindicación central, unificadora, necesariamente movilizadora, debería ser la globalización de los derechos básicos del trabajo (libertad sindical y derecho de huelga, salario vital, jornada de trabajo decente, seguridad, salud y derecho a la vida, …).
Éstos son seguramente objetivos movilizadores allí donde más evidente es su permanente y grave violación, como sucede en la mayoría de los países, para la mayoría de la clase trabajadora mundial. Pero la globalización de los derechos debería ser también elemento de fuerte movilización en los países supuestamente más favorecidos, para los colectivos de la clase trabajadora en los ámbitos que se puedan considerara “privilegiados”. Y no sólo como expresión de solidaridad altruista, de apoyo a los más desfavorecidos, que también, sino porque la generalización de los derechos es de su propio interés, precisamente para no quedar aislados, porque de su aislamiento derivaría su debilitamiento, y de éste la pérdida de derechos, un fenómeno del que la historia del sindicalismo, y de cada centro de trabajo, nos ha dado miles de ejemplos. Porque la solidaridad (esencia por otra parte del sindicalismo) no sólo es de interés de los que la reciben, sino también de los que la practican. Pero hay que entenderlo y explicarlo, traducirlo en acción, y el 7 de octubre debería ser una buena, no única, ocasión.


jueves, 27 de septiembre de 2018

ACT: avances en un interesante y difícil proyecto de negociación colectiva global y local



“Acción-Colaboración-Transformación” (ACT), así se tituló un proyecto sindical en el sector de la industria mundial del vestido que se inicia en 2015, cuando el Acuerdo Marco Global con Inditex (el único aún entonces en el sector) y la tragedia de Rana Plaza, con más de 1.000 trabajadores muertos en el derrumbe de la fábrica, inciden con fuerza en uno de los sectores industriales más globalizados y en el que se plantean los derechos a la vida y a un trabajo decente como ejes de la acción sindical mundial.

IndustriALL Global Union, la Federación Sindical Internacional de los sectores industriales, planteó abiertamente el tema del salario vital como una exigencia central y señaló las cadenas mundiales de suministro de las multinacionales como ámbito preferente para su reivindicación. Ello llevó a abordar las condiciones de trabajo y de vida, y los derechos sindicales, en los países de la economía emergente, de China y del Sudeste asiático en particular, países con escasa, casi nula, negociación colectiva. Ello afecta directamente además a marcas y empresas multinacionales, competidoras entre sí en los mercados mundiales, que fabrican y compran muchas veces a los mismos proveedores de los países emergentes, imponiendo de hecho condiciones de trabajo que se traducen tanto en miserables condiciones de vida de sus trabajadores como grandes beneficios para los empresarios locales.

Desde el sindicalismo global se planteó la necesidad de impulsar la negociación colectiva en estos países proveedores, asumiendo que no podía ni debía sustituirse el protagonismo de los sindicalismos locales. Así, en 2015 se planteó la iniciativa sindical proponiendo este proyecto, al que inicialmente se adhirieron 14 marcas y que situó como eje esencial que la Federación Sindical global y las grandes multinacionales desarrollaran un plan de trabajo para impulsar la negociación colectiva en cada uno de aquellos países entre sus principales (y comunes muchas veces) proveedores y los sindicatos locales, intentando a la vez sumar más marcas globales a la iniciativa.

Así se han implicado ya en el proyecto ACT las siguientes marcas y multinacionales: Inditex, Arcadia, Asos, Bestseller, Cotton On, C&A, Debenhams, Esprit, H&M, Kmart, NBrown Group, New Look, Next, Pentland, Primark, Target, Tchibo, Tesco, Topman, PVH (Tommy Hifinger y Calvin Klein) y zLabels. A señalar la reciente incorporación del grupo PVH, la primera multinacional norteamericana en hacerlo, de evidente interés teniendo en cuenta la total ausencia de éstas en los Acuerdos de Bangladesh y la inexistencia de Acuerdos Marco Globales de las marcas USA.

Se han desarrollado numerosas reuniones de estas empresas con IndustriALL Global Union para impulsar el proyecto: Ginebra, Amsterdam,. Londres, Hong-Kong, Dacca, …, para finalmente traducirse en unas primeras iniciativas que han llevado a establecer esquemas de trabajo concretos en los siguientes países: Vietnam, Turquía, Myanmar, Bangladesh y Camboya. En cada uno de ellos una de las grandes multinacionales ha asumido la responsabilidad de liderar la gestión empresarial para la aplicación  del proyecto ACT.

Se trata además de países con realidades claramente heterogéneas entre las que cabe destacar: Vietnam con un sindicato oficial único que empieza a practicar un sindicalismo de clase y que en 2016 discutió en una reunión de la Red Sindical de los proveedores de Inditex un posible convenio colectivo de la industria exportadora; Turquía, con una deriva gubernamental claramente autoritaria y con un salario mínimo legal superior al de Bulgaria, país de la Unión Europea; Camboya con un sindicalismo muy activo desde hace años que se había planteado esencialmente la batalla sindical por el aumento del salario mínimo legal decretado periódicamente por el Gobierno; Bangladesh, sacudido por la tragedia de Rana Plaza, con más de 1.000 muertos el 24 de abril de 2013, que había dado lugar al primer acuerdo mundial (2013-2018) multiempresas con el sindicalismo global y alguna ONG para contribuir a la seguridad de los edificios y a la prevención antiincendios y que ha supuesto un importante y eficaz esfuerzo en este sentido, a la vez que la constitución de cientos de Comités de Seguridad y Salud laboral, y Myanmar en transición desde una dura dictadura militar de años y con graves a problemas étnicos cuya más brutal expresión es la represión contra la minoría de los rohingya.

La heterogeneidad de estos países, de la propia estructura sindical y empresarial de cada uno de ellos, de la no siempre clara voluntad de las grandes marcas para avanzar en el camino abierto, puede provocar dudas sobre la viabilidad del proyecto a pesar de la evidente necesidad de plasmar sus propuestas en las condiciones de vida y de trabajo de millones de trabajadores. Por ello es una muy buena noticia que los pasados días 12 y 14 de septiembre se hayan reunido en la capital de Camboya todas las partes implicadas, globales y locales, y se haya discutido abiertamente ya sobre un convenio colectivo del sector. 


viernes, 13 de julio de 2018

Del nº 30 Junio 2018 de Gaceta Sindical. Reflexión y debate de la Confederación Sindical de Comisiones Obreras




Las cadenas de suministro
en la acción sindical global

Víctor Garrido
Isidor Boix

sindicalistas


En la globalización, ¿sindicalismo global? La respuesta puede parecer obvia, pero consideramos que no lo es. Porque no está claro, en sus contenidos y en su traducción en acción colectiva, qué es, más allá de los tópicos, el “sindicalismo global”. Sobre ello aportamos algunas reflexiones y algunas referencias a nuestra experiencia, primero desde FITEQA-CCOO, luego des CCOO-Industria, para subrayar que efectivamente en la globalización se precisa un gobierno, o gobernanza, global, y que el sindicalismo tiene mucho que decir, y hacer, al respecto. Pero que, para intervenir con eficacia, se exige un serio esfuerzo de reflexión y de iniciativa, y nos perecen de utilidad algunas consideraciones particularmente orientadas a las cadenas de suministro de las multinacionales, derivadas de nuestra actividad en responsabilidades sindicales a ello vinculadas, particularmente desde la coordinación sindical del Acuerdo Marco Global de IndustriALL Global Union con INDITEX.


Desde hace algunos meses, no muchos, la globalización y la acción sindical aparecen conscientemente vinculadas en las propuestas de la mayoría de organizaciones sindicales, desbordando ya las proclamas en el papel o en las redes que todo lo aguantan. Sin embargo no siempre se traducen aún en proyectos responsablemente asumidos.

A este indudable avance sin duda han contribuido tragedias como el hundimiento del edificio industrial de Rana Plaza en Bangladesh, con  la muerte de más de 1.000 trabajadores, mujeres la gran mayoría, la larga ya movilización de la clase trabajadora de Camboya por un salario mínimo “decente”, o de Turquía y tantos otros países por la libertad sindical, así como la conquista de muy importantes aumentos de sus salarios mínimos en China y en Vietnam, también en Polonia.

Seguramente en esta toma de conciencia y en el impulso de nuevas iniciativas ha incidido también que desde las organizaciones sindicales supranacionales se ha empezado a considerar como un espacio que merece particular atención el de la actividad industrial y comercial, el empleo y sus condiciones, en las cadenas de suministro de las empresas multinacionales. Causa, y efecto, de este fenómeno lo ha sido que desde la OIT se haya entendido que hay que prestarle atención, dedicando en 2016 una sesión de su Conferencia anual al “trabajo decente en las cadenas de suministro” (http://iboix.blogspot.com.es/2016/07/a-proposito-de-la-resolucion-de-la.html) y en 2017 una importante reunión de expertos sobre las “Zonas Francas Industriales” (http://iboix.blogspot.com/2017/11/por-el-trabajo-decente-en-las-zonas.html) en las que establecen sus terminales muchas de las cadenas mundiales de suministro de las multinacionales.

A todo ello podrían sumarse los ya numerosos seminarios y simposiums, institucionales y académicos, que abordan esta problemática, así como la proliferación de referencias en normas supranacionales como el Global Compact de las NNUU o la Declaración de la OCDE sobre las multinacionales, sellos de diversas instituciones y compromisos unilaterales, más o menos efectivos, de muchas multinacionales, acompañadas ya por unos pocos Acuerdos Marco Globales firmados por algunas multinacionales con las organizaciones sindicales supranacionales. Y en España, la reciente iniciada andadura del “Foro Social de la industria de la Moda” (presentado públicamente el pasado 12 de abril en el Consejo Económico y Social) integrado por sindicatos, ONGs, grandes empresas y organizaciones empresariales del sector, uno de cuyos grupos de trabajo es precisamente las cadenas mundiales de suministro.

Pero, para no perdernos en un largo listado que finalmente podría provocar un extravío en un confuso laberinto de proclamas y normas más o menos vinculantes, es necesario señalar que lo decisivo ha sido, y sobre todo, debe ser, la acción sindical desde los dos polos: la cabecera de las multinacionales y los eslabones sindicales de las sucesivas subcontrataciones a lo largo de tales cadenas de suministro.


1.- Algunos datos de referencia

Según estimaciones de la Confederación Sindical Internacional, CSI, en torno a la mitad de la clase trabajadora mundial está vinculada a la actividad de producción y distribución, en sus cadenas de valor, de las multinacionales, aunque sólo el 3 % se integra en sus propias plantillas formales. La actividad de tal estructura empresarial supone el 60 % del valor producido y el 80 % del comercio global entre países.

Las economías “avanzadas”, las de los países del Norte social y casi geográfico, suponen  en este momento aproximadamente el 50 % del PIB mundial, siendo el otro 50% el de los países “emergentes”, en desigual pero potente progreso. Con la perspectiva que, de entre estos, China e India pueden llegar al 50% del PIB mundial a mediados de este siglo, recuperando el protagonismo que ejercían en un contexto muy distinto a comienzos del Siglo XIX.

Son datos también a no olvidar los salarios mínimos de la economía “formal” (muchas veces efectivos y otras no alcanzados) que nos aportan las legislaciones de países como China (hoy en torno a los 300 € mensuales cuando en 2006 estaba en torno a los 45), Vietnam (en torno a los 150 € hoy, por 38 en 2007), 68 € en Bangladesh (20 en 2010), o 210 € en Bulgaria (país, no se olvide, de la Unión Europea). Todo ello frente a los 1.500 € de Alemania y otros similares y aún superiores de otros países del Norte referido. Podríamos añadir que para conseguir aumentar estas retribuciones en torno a un 25 %, en muchos de los países emergentes las jornadas de trabajo pueden superar las 3.000 horas anuales.

Y son  datos aún los más de 1.000 trabajadores muertos en Rana Plaza de Dacca, en Bangladesh, una mañana del 24 de abril de 2013, o el sistema de “contratación” de las hilaturas de algodón de la India denominado Sumangali aplicable a niñas y adolescentes de 12 a 18 años con contratos “de aprendizaje” de 3 años y con retribuciones en torno a 90 € al mes de los que el empresario retiene la mitad para entregárselo al termino de estos 36 meses para que dispongan de una “dote” para su boda, en el supuesto de que hayan soportado este periodo sin huir, o sin suicidarse, como sucede en no pocos casos. A ello hay que sumar las violaciones de los fundamentales del trabajo, en primer lugar el de libertad sindical y derecho de negociación colectiva, frecuentes en este mundo “emergente”, derechos por otra parte no siempre respetados en los “avanzados”, en una interrelación global sobre la que luego volveremos.

Como  tendencias del capitalismo global hay que señalar la importante entrada de fondos de inversión en el capital de las multinacionales, más orientados a los inmediatos beneficios financieros que al desarrollo de la economía productiva, la del capital chino en las grandes del automóvil (Mercedes, Volvo, Lotus), o la del indio en otras (Jaguar, Land Rover y el acero mundial).

Un dato más de nuestra realidad lo constituye también la generalizada crisis de confianza en las instituciones políticas y sociales de la que no nos salvamos las sindicales, con una tendencia a la individualización de los intereses de grupo manifestada en las relaciones laborales, con el acompañamiento de las tendencias de antiglobalización reaccionaria que se expresan en fenómenos como Trump, Le Pen, Grillo, el Brexit, Orban el húngaro, Marcinkiewicz el polaco, …, así como el chovinismo y la xenofobia que están manchando al sindicalismo y sobre lo que luego volveremos.


2.- Sindicalismo Global. ¿Existe? ¿Qué es, o qué podría ser?

Probablemente, para acertar en las respuestas a estas preguntas, una primera referencia sea necesaria una primera consideración sobre la necesidad de un “gobierno global”. Si consideramos, como seguramente consideramos bastantes colectivos institucionales y sociales (entre ellos el sindical, es decir la clase trabajadora), que este gobierno sea efectivamente necesario, no tanto como institución, sino como instrumentos para incidir en una “gobernanza global”, tendremos que preguntarnos si para ello corresponde la existencia, o la construcción, de un “sindicalismo global”.

Algunas referencias para ello han de ser la inexistencia en este momento de un ordenamiento jurídico global eficaz, lo que en otros momentos hemos ya resumido con la expresión “la OIT no puede, la OMC no quiere”. Aunque ciertamente se estén dando algunos pasos, tímidos aún, como expresa el hecho de que, como ya mencionamos antes, por primera vez la OIT haya abordado el tema de las cadenas de suministro, como lo hizo en su Conferencia anual de 2016, y a finales de 207 haya realizado una primera reunión de expertos sobre las Zonas Francas Industriales. O la existencia de normas no vinculantes, de evidente pero limitado interés, de aplicación “voluntaria”, es decir “unilateral”, por parte de las empresas, como son el Global Compact de las Naciones Unidas, los Principios Rectores de la ONU sobre empresas y derechos humanos, y otros.

A todo ello podríamos añadir la inexistencia de un posible “Tribunal Laboral Internacional”, como lo hay penal, o la tímida propuesta institucional europea, anunciada por Jean-Claude Junker en su discurso sobre “el estado de la unión” el 13 de septiembre de 2017, para avanzar hacia una “Autoridad Laboral Europea”, aunque limitada a “evitar el dumping social y salarial transfronterizo”.

Para responder a la señala pregunta deberíamos desprendernos de afirmativas convicciones sobre “sindicalismo global” que pueden parecer obvias. Existirá sindicalismo global si se plantea conscientemente, si actúa como tal. Para valorarlo hay que partir de que al sindicalismo parece interesarle efectivamente incidir en la globalización, no tanto porque de vez en cuando se la menciona como una de las causas de todos nuestros males, sino más bien, con más rigor, si consideramos que nuestro globalizado mundo es el marco en  el que se desarrollan estrechamente interrelacionadas las cuestiones claves para el devenir humano, que tiene por tanto una decisiva incidencia en las condiciones de vida y también de trabajo.

Pero, ¿de qué sindicalismo hablamos? ¿del nacional, del de empresa, del supranacional, …?

Para acertar en la respuesta, consideramos necesario una breve incursión en los conceptos más elementales sobre sindicalismo. Partiendo de la consideración académica de que “el sindicalismo” es una “organización de intereses”, de los intereses del colectivo  de trabajadores en el ámbito considerado. Y definidos los “trabajadores” por el concepto marxista, bien resumido en el artículo 1 de nuestro Estatuto de los Trabajadores, como las personas “… que voluntariamente presten sus servicios retribuidos por cuenta ajena y dentro del ámbito de organización y dirección de otra persona, física o jurídica, denominada empleador o empresario ….

Existirá pues sindicalismo en aquellos ámbitos en los que puedan haber intereses comunes del colectivo de la clase trabajadora. Y habrá sindicalismo global si se dan intereses globales, lo que quizás ya no es tan evidente, sobre todo si abordamos los evidentes conflictos de intereses más bien contrapuestos entre los trabajadores de los diversos ámbitos integrados dentro del global. Y no estamos hablando de problemas menores. En todo caso, algunas observaciones al respecto:

·         Referencias a tales intereses contradictorios son los procesos de deslocalización-relocalización que suponen pérdidas de empleo en unos centros de trabajo para crearlos en otros. O las tensiones entre sindicatos de distintas filiales de una misma multinacional cuando se discute donde se realizan nuevas inversiones o donde se fabrican determinados productos. O el apoyo sindical a medidas antidumping contra productos fabricados en otro país que pueden bloquear su producción y generar serias crisis de empleo en éste, sin discusión sindical previa entre los sindicatos del país comprador con los del país vendedor y la posible intervención  de dirección y mediación  sindical desde la instancia de la estructura sindical de nivel superior. O el apoyo de colectivos de trabajadores de un país a las medidas contra la inmigración de sus gobiernos. O  contra los inmigrantes que han logrado salvar las barreras. Y no son problemas menores.

·         Por significativos que sean tales intereses contradictorios no deben llevar a olvidar los que entendemos como intereses comunes, y por ello solidarios. Desde el interés por un mundo “sostenible”, social y ambientalmente (lo que incluye el “trabajo decente”), los derechos básicos humanos (entre ellos los laborales), hasta la solidaridad cuando los intereses particulares enfrentan a una misma empresa, a la misma multinacional.

Sin embargo las dificultades que se plantean para determinar tales intereses comunes exigen que nos planteemos cómo concretarlos. El sólo apunte a los intereses contradictorios señala ya que estos intereses comunes no pueden ser resultado de la simple “suma” de los intereses particulares de cada colectivo menor que integre el colectivo de mayor ámbito. Suma no, pero sí su síntesis, cuya elaboración, devolución a los colectivos menores y traducción en práctica sindical conjunta, exige la existencia de formas superiores de organización y su adecuada función dirigente. Intereses y órganos de dirección superiores capaces para ello de concitar la confianza de los representados, de tutelar los intereses particulares de éstos, también los contradictorios, en relación con los cuales deberán en ocasiones mediar.

Para completar esta necesaria referencia a los intereses colectivos a los diversos ámbitos de organización de la clase trabajadora hasta el global, es necesario detenernos aún en el propio concepto de solidaridad para no limitarlo a su vertiente altruista, cuando pensamos en los supuestamente o efectivamente privilegiados, al evidente interés cuando nos referimos a los beneficiados por la práctica solidaria. Nos referimos a la solidaridad “interesada” de los primeros, de los que la practican, convencidos de que sin esta componente de su interés propio difícilmente se desarrollarán una solidaridad eficaz. Esta consideración parte esencialmente de la idea de que quienes estén en una posición de ventaja, de privilegio, tienen un evidente interés propio en no quedar asilados porque el aislamiento les debilita, un interés en que se generalicen los derechos para no ver mermados los propios, consideración  que es válida desde la sección de la fábrica o la filial de la multinacional en mejores condiciones respecto al resto de su propia empresa, hasta el país o el colectivo social que en el ámbito mundial pueda considerarse privilegiado.

Para tal consideración hemos repetido muchas veces nuestra directa experiencia de la discusión  de todo ello con las dirigentes sindicales de las trabajadoras de las fábricas gallegas de Inditex. Tras explicar en los primeros años de este siglo nuestra intervención sindical para defender el trabajo decente en las fábricas de Marruecos, proveedoras de las marcas de la multinacional española, una delegada de CCOO nos planteó que “muy bien, pero quizás que os ocuparais más de  nuestras condiciones de trabajo en Galicia, de mis problemas de espalda, …”, a lo que fue otra dirigente sindical de estas fábricas la que le respondió: “está bien lo que hacen, porque cuanto mejor salario cobren las trabajadoras de Marruecos, o de China, menor riesgo tenemos de perder nuestro puesto de trabajo en Galicia”. A esta consideración podríamos añadir otra referencia: la mejora de condiciones de trabajo en los países emergentes mejora también su capacidad de compra de los productos de los países más desarrollados.

En definitiva, la solidaridad de los que han de practicarla será más eficaz cuanto mejor entiendan que a ellos mismos les interesa. Porque efectivamente les interesa.


3.- Problemas y limitaciones, también avances, del sindicalismo supranacional

Más allá de conceptos y teorías es conveniente abordar los problemas del sindicalismo supranacional desde casos concretos que los ilustren. Los hay, y muchos, desde la perspectiva del sindicalismo global. Algunos queremos aportar, correspondientes a este año 2018. 

Uno, el caso ROY ROBSON, una multinacional alemana del vestido con fábricas proveedoras entre otras en Turquía y en países de la Europa del Este. Recientemente se han producido de nuevo en una de estas fábricas turcas, situada en Esmirna, despidos de sindicalistas de Teksif, el principal sindicato turco del ramo. Hemos sabido del problema por una denuncia de la Federación sindical internacional, IndustriALL Global Union, pero no se ha hecho pública ninguna denuncia, ni acción sindical al respecto, del sindicato alemán de la cabecera de esta multinacional.

Otro caso preocupante lo constituye la iniciativa sindical en las fábricas alemanas y francesas de las multinacionales SIEMENS y ALSTOM, recientemente fusionadas. Ha sido ésta una operación empresarial, de reestructuración industrial y financiera, que inevitablemente plantea, como todas las fusiones con la lógica reestructuración, problemas de empleo. Supimos de una propuesta de CCOO-Industria, pues en España tenemos también fábricas de ambas multinacionales, planteando algo que parece obvio: la coordinación sindical europea de tal problemática, apuntando a una necesaria acción sindical conjunta. Nada sorprendente, pero sí lo fue conocer ante todo ello que en las fábricas alemanas y francesas, desde la cabecera de ambas multinacionales, los correspondientes sindicatos de empresa habían bloqueado la posibilidad de toda iniciativa sindical supranacional conjunta hasta terminar sus propias negociaciones para garantizar el empleo en sus centros de trabajo alemanes y franceses. Y, mientras, obediente, no se produjo ninguna iniciativa de la correspondiente Federación  Sindical europea. Situaciones similares conocidas se han vivido en 2017 en Serbia con proveedores de Volkswagen, en Indonesia con  proveedores de Freeport y Mitsubishi, en Sudáfrica con proveedores de General Motors, … Y con la incapacidad de convocar estos últimos años una manifestación sindical europea de solidaridad con los inmigrantes, contra le xenofobia, ante la creciente dimensión del tema, y con  experiencias tan positivas como los medio millón  de manifestantes en Barcelona el 18 de febrero de 2017.

Estas experiencias enlazan también con un problema de fondo de los Comités de Empresa Europeos en los que, más allá de su evidente interés sindical, se manifiestan no sólo las limitaciones derivadas de la propia Directiva, sino una práctica en la que demasiadas veces priman los intereses corporativos de país, sin una voluntad o capacidad de dirección, y de corrección cuando sea preciso, desde las estructuras sindicales europeas.

A todo ello cabría añadir problemas del sindicalismo europeo que hoy pueden considerarse casi endémicos. Uno, el del “salario mínimo europeo”, problema no secundario si recordamos que el de Bulgaria está en torno a los 200 €uros mensuales (claramente inferior al de Turquía, o al de China) y el de Alemania o Francia en torno a los 1.500. La discusión se planteó abiertamente en los Congresos de la Confederación Europea de Sindicatos de Sevilla (2007) y Atenas (2011), sin  capacidad para concretar líneas de acción sindical al respecto, y con el posterior silencio hasta ahora. O la resistencia, particularmente de los sindicatos nórdicos, para abordar la posible negociación colectiva europea, particularmente en torno a los derechos básicos del trabajo.

Preocupante también que cuando se abordan cuestiones de los derechos laborales transnacionales, como en relación con la reciente proclama institucional del denominado “Pilar Europeo de Derechos Sociales” (17 de noviembre de 2017 en el Parlamento Europeo) el texto oficial parece referirse a una Europa sin conexión con el mundo, con olvido, también desde el sindicalismo europeo al analizarlo, de la estrecha interrelación de los derechos del trabajo en Europa con el trabajo decente en el mundo, particularmente en las cadenas de suministro de las multinacionales europeas. Quizás convendría resucitar, con ocasión de tales reflexiones, el “Nuevo Internacionalismo Sindical” proclamado por Guy Ryder, entonces Secretario General de la Confederación Sindical Internacional, en su Congreso Constituyente de 2006. Y del que nunca más se supo. Ello supondría avanzar hacia las necesarias estructuras sindicales supranacionales que superaran su actual función de “coordinadoras”, sin órganos de dirección, sin cupos nacionales o regionales, con capacidad de decisión resultante de una efectiva delegación de poderes, de soberanía, desde los sindicalismos nacionales, …, asumiendo el valor de los intereses sindicales comunes, globales, a los que antes nos hemos referido.

Negativas experiencias todas ellas que provocan repetidamente la nostalgia por la positiva de la negociación de la reestructuración europea de las fábricas de General Motors en 1999, cuando la Federación  Sindical Europea del Metal jugó un importante y decisivo papel de dirección  y coordinación sindical desde un planteamiento unitario y solidario europeo. Una referencia positiva a la que hoy es necesario incorporar algunas recientes respuestas sindicales también positivas, como las diversas iniciativas solidarias del sindicalismo alemán de IG Metall con movilizaciones en proveedoras turcas de sus fábricas, o del sindicalismo de FIAT en relación con proveedores de Serbia. Cabe señalar también una progresiva, tímida aún, asunción del problema en las estructuras sindicales europeas.


4.- Por el “trabajo decente” en el mundo. Incidencia sindical en las políticas empresariales de “Responsabilidad Social”. Una experiencia de sindicalismo global por parte de CCOO

Desde nuestro convencimiento de que el sindicalismo no es sólo un espectador y comentarista de los males del mundo, dispuesto a señalar siempre lo que deben hacer los otros pero olvidando sus propias responsabilidades, queremos aportar algunas ideas y propuestas, alguna experiencia, en  relación con la posible, necesaria, intervención sindical en la lucha por la dignidad del trabajo en el mundo, particularmente en relación con las condiciones de trabajo en las cadenas de suministro, para cerrar luego estas notas con algunas propuestas de trabajo.

Asumiendo la existencia de intereses sindicales globales, así como la importancia y necesidad de incidir eficazmente en las condiciones de vida y de trabajo en el mundo, lo esencial es establecer la “plataforma reivindicativa” para su defensa y el marco en el que plantearlas, defenderlas, negociarlas, y en lo posible pactar su aplicación para luego desarrollar los acuerdos logrados.

Estamos pues hablando de una “negociación colectiva global”, ante la que es además necesario ser conscientes de la inexistencia de un marco para ello establecido, y de hecho apenas reivindicado, lo que exige plantearse cómo incidir en ello. Sin un ordenamiento jurídico global eficaz, sin una negociación colectiva en tal ámbito, la experiencia nos indica que el espacio más favorable hoy es el de la “responsabilidad social empresarial”[1], asumiendo sus no tan positivos inicios desde su original preocupación por la “reputación” empresarial, y su pretensión  de “voluntariedad”, es decir “unilateralidad”.  A ello podría aún sumarse otro reproche, el intento de algunas empresas de desplazar a este ámbito materias que lo habían sido de negociación colectiva. 

Pero hace ya algunos años que hemos superado desde el sindicalismo el debate como espectadores sobre la “Responsabilidad Social” de las empresas. La existencia de más de 100 Acuerdos Marco Globales, el Acuerdo de Bangladesh sobre seguridad de edificios y prevención  de incendios, el proyecto ACT impulsando la negociación colectiva en países de las cadenas de suministro textiles, permiten afirmar que hemos entrado en una nueva etapa, que la “contractualidad”  ha desbordado ya la unilateralidad en la acción por la dignidad del trabajo en el mundo. A ello se suma el reciente arranque en España de un  “Foro Social de la Industria de la Moda” como marco de debate, intercambio de experiencias e iniciativas conjuntas, de sindicatos, ONGs y otras organizaciones de la sociedad civil, junto con empresas y organizaciones empresariales.

Esta nueva etapa en la política y práctica de la “responsabilidad social empresarial” no nos lleva a olvidar que frente a los 100 Acuerdos Marco (y algunos de ellos limitados aún a la matriz y sus filiales, ignorando su cadena de suministro), hay unos 10.000 compromisos de RSC empresariales unilaterales, o que demasiadas grandes multinacionales con importante presencia sindical en las casas matrices no sólo no tienen concluido ningún Acuerdo Marco Global para su cadena de suministro, sino que ni siquiera se conocen propuestas sindicales al respecto. O que tampoco se conocen claras iniciativas de las estructuras sindicales supranacionales para superar tales deficiencias. Pero lo antes indicado significa que la muralla que impedía la entrada sindical en esta materia presenta ya importantes grietas que permiten positivas incursiones en este terreno.

Aunque hemos publicado ya numerosos informes al respecto (el de conjunto puede encontrarse en http://industria.ccoo.es/5ffa04a491584d076248dacd7957aeac000060.pdf), queremos dejar constancia aquí de la experiencia de una práctica eficaz de sindicalismo global desde FITEQA-CCOO y luego desde CCOO-Industria. Nos referimos al Acuerdo Marco Global con Inditex, suscrito en 2007, ratificado en 2014, con un trabajo sindical que se inició en 2002 y cuyos elementos esenciales pueden resumirse en  lo siguiente:

·         Inditex, con 10 marcas de ropa distintas, de las que fabrica unos 1.200 millones de piezas al año, tiene para ello una cadena mundial de suministro de más de 6.000 fábricas en unos 50 países  en las que trabajan unos 2 millones de trabajadores (de ellos más de 300.000 en Bangladesh, más de 250.000 en China, más de 100.000 en Turquía, y en Vietnam, en India, …) 
·         En 2002 iniciamos la intervención sindical con dos ejes:
o    Una continua información y debate sindicales con las trabajadoras de las fábricas gallegas de Inditex, ampliándolo luego a los centros de logística, y
o    Una continua exigencia a la empresa de información  y seguimiento de la aplicación de los entonces unilaterales compromisos de responsabilidad social, abordando los problemas que se iban planteando, y acompañado de una propuesta de “Acuerdo Marco”, pero sin esperar a su conclusión para el impulso de la intervención sindical
·         Así se fraguó el “Acuerdo Marco Internacional” en 2007 de Inditex con la entonces “Federación Sindical Internacional de los Trabajadores del Textil-Vestuario-Cuero”, para reafirmarlo en 2014 como “Acuerdo Marco Global” con la nueva Federación Internacional “IndustriALL Global Union” en cuya creación participó la del Textil-Vestuario-Cuero. Los ejes básicos del Acuerdo Marco, junto con la afirmación de los derechos básicos del trabajo en toda la cadena de suministro hasta su último eslabón de subcontratación, eran:
o    Información al sindicalismo global, y a su través al local, de todos los centros de trabajo (más de 6.000 en 2017) de su cadena mundial de suministro, así como del balance de cumplimiento de sus compromisos, ahora ya pactados, de responsabilidad social y de los problemas que al respecto se plantearan. Y, para contribuir a ello,
o    Derecho del sindicalismo global y local de acceso a todos estos centros de trabajo.
·         Los principales hitos de esta experiencia se pueden concretar como:
o    Positiva solución de las denuncias de violación de la libertad sindical, particularmente en las fábricas proveedoras en las que Inditex tenía una producción importante.
o    Visita de más de 100 fábricas en los principales países de la cadena de producción (Argentina, Brasil, Portugal, Bulgaria, Marruecos, Túnez, Turquía, India, China, Camboya y Vietnam) junto con los sindicatos locales para establecer un método de trabajo piloto en la actividad de éstos.
o    Formación sindical-empresarial en la cadena de suministros, con seminarios primero paralelos y finalmente conjuntos con sindicalistas y directivos de las empresas de la misma.
o    Participación de Inditex, impulsada y seguida sindicalmente, en iniciativas y acuerdos internacionales como el Acuerdo de Bangladesh, la iniciativa ACT, la campaña contra el Sumangali, los refugiados sirios en Turquía, …
o    Aportación de la experiencia de esta AMG a múltiples foros institucionales y académicos, esencialmente de España y Europa, así como de la OIT (Conferencia anual de 2016 y reunión de Expertos sobre Zonas Franca Industriales de 2017), OCDE, Committee on Workers’ Capital, …

En el ámbito de las multinacionales españolas de la industria de la moda, cabe señalar un trabajo desarrollado en los últimos años, y en la misma línea aquí señalada, con MANGO (con la que hay ya un preacuerdo para el seguimiento sindical desde CCOO-Industria de su cadena de suministro) y EL CORTE INGLÉS, y abierto con otras multinacionales del sector.

Aunque el ámbito de la industria de la moda ha sido en el que hemos desarrollado con  mayor dedicación y eficacia estas orientaciones de trabajo, es necesario señalar otros en los que también hemos desarrollado tales iniciativas. Así ha sido con REPSOL en relación con la problemática de los pueblos indígenas en sus instalaciones de exploración y exploración en Latinoamérica y con una Red Sindical España-Latinoamérica; con GAMESA a través de un Acuerdo Marco Global; con las cadenas de suministro de las multinacionales del automóvil en el Magreb; también consiguiendo acuerdos de seguimiento sindical de los compromisos de RSC en los Convenios sectoriales estatales de la Industria Química (arts. 69 y 70) y del Textil-Confección (art. 76).


5.- Algunas consideraciones y una propuesta para impulsar el sindicalismo global

Partimos de las consideraciones que anteceden en el sentido de que desde el sindicalismo, como solidaridad organizada, ésta interesa tanto a los directamente beneficiados como a los que la practican. Interés para impulsar un modelo de desarrollo sostenible en una globalización que lo sea, lo que requiere un reequilibrio mundial en el que evitar el riesgo de asilamiento de los hoy “privilegiados”, o menos perjudicados aún por las peores tendencias globalizadoras o por las más reaccionarias de la antiglobalización. Interés sindical desde la más favorable posibilidad de asumir el reto desde el sindicalismo por sus raíces, más insertadas en la realidad que las de otras formas de organización social.

Consideramos que en esta perspectiva corresponde una responsabilidad prioritaria al sindicalismo de las casas matriz de las multinacionales, así como a las organizaciones sindicales supranacionales en el impulso de tal responsabilidad. Y a todos los colectivos sindicales, para establecer los intereses comunes en su ámbito y organizar en torno a ellos al correspondiente colectivo de la clase trabajadora.

En este contexto apuntamos un breve esquema de trabajo, de propuesta, de reivindicación y negociación, desde la cabecera de todas las multinacionales:

·         Establecimiento de diversos “mapas”:
o    Mapa industrial y comercial de toda la cadena de valor de cada multinacional: con todos los centros de trabajo de su cadena de suministro (matriz y filiales, con  todas las fábricas y talleres a las que se subcontrata parte de la producción) así como de distribución (logística y centros de venta propios o franquiciados)
o    Mapa de los Grupos de Interés, es decir de los colectivos impactados por la actividad empresarial, con el reconocimiento como tales por parte de la multinacional y, por tanto, de su intervención en los contenidos concretos de los compromisos de responsabilidad social
o    Mapa de riesgos sociales y medioambientales a los que hacer frente, de sus contenidos y de su ubicación geográfica
·         Balance de los compromisos de responsabilidad social de la multinacionaly de su cumplimiento. Compromisos unilaterales y/o pactados con los Grupos de Interés, con expresa referencia a los problemas, conflictos, infracciones, …, detectados o denunciados de la última etapa y de cómo se abordaron  y resolvieron.
·         Elaboración de un esquema de Acuerdo Marco Global a presentar para su discusión, negociación y eventual acuerdo, a la dirección de la multinacional

Y algunas consideraciones para afrontarlo:

·         Parece evidente que la globalización  supone un reto, y no menor, tanto para el sindicalismo global (es su propio ámbito), como para el local (de ella depende también la solución de los problemas de cada día). En la globalización están en juego los intereses de las organizaciones a todos los niveles, más de una organización precisamente de intereses globalmente interrelacionados como es el sindicalismo.
·         Tales objetivos interesan en particular a todos los eslabones sindicales de la cadena de valor de las multinacionales, desde la cabecera, desde la casa matriz, hasta su último eslabón, aunque es evidente que la responsabilidad no es la misma. Mayor responsabilidad siempre en la cabecera por la proximidad a los propios órganos de decisión empresarial de la multinacional, también por la posición privilegiada en general del sindicalismo en su ámbito en cuanto a condiciones de trabajo.
·         Para abordarlo es imprescindible que se entienda que la solidaridad a lo largo de toda la cadena de valor interesa a todos, a los que la reciben, pero también a quienes la practican, o deberían practicarla.
·         Es necesario también que para todo ello se conozca, se asuma y se establezca la relación directa entre los intereses globales y los inmediatos, los de cada día, la relación entre la acción sindical global y la acción sindical diaria.

Probablemente nos encontremos en una fase de transición, quizás no esté muy claro hacia donde, pero seguramente es más evidente que el sindicalismo mucho tiene que decir, y hacer, en este momento en la defensa del trabajo, de la vida decente en nuestro mundo globalizado.


[1] Confusamente definida inicialmente por la Comisión Europea en un “Libro Verde”, para concretar un claro avance conceptual al referirla a la responsabilidad por el “impacto de la actividad de la empresa” en su comunicación COM 2011-681