viernes, 17 de noviembre de 2017

Porqué pienso votar socialista, la lista de Miquel Iceta


Podría también haber titulado “porqué no pienso votar a los comunes” (que sería hoy el voto resultante de mi historia personal y del depositado en las últimas contiendas electorales, generales, autonómicas y municipales). Salvo el voto en blanco, no habría ninguna otra posibilidad por mi parte que “comunes” o socialista. Votaré previsiblemente socialista a pesar de una no muy afortunada experiencia personal con ellos en 1978-1980, pero ha llovido mucho desde entonces y los problemas de hoy tienen otros contenidos y protagonistas. 


Hoy votaría la lista que encabeza Miquel Iceta por las siguientes razones:

1.     Por el punto de partida de mi posicionamiento político a lo largo de los últimos meses, que puede resumirse en lo planteado en: https://lopezbulla.blogspot.com.es/2017/08/manifiesto-para-el-acto-del-dia-22-de.html y http://iboix.blogspot.com.es/2017/09/por-la-unidad-y-solidaridad-de-la-clase.html
2.     Porque aunque se trata de “elecciones autonómicas” y no sobre la “independencia” de Catalunya, la inercia social y política de un tan largo “procés” hace necesaria una clarificación a la que estas elecciones deberían contribuir para superar esta nefasta etapa y con ello poder abordar los problemas pendientes, los sociales en primer lugar, que pueden resumirse en que la salida a la crisis lo sea de verdad para todos. También por la profundización de la democracia en todos los órdenes, así como por la lucha contra la corrupción, la futura y la pasada: Gurtel, Púnica, los Papeles de Panamá y la Caja B del PP, junto a la del Palua, el 3% y los Papeles del Paraíso, como exponentes de una cultura política de las derechas, la española y la nacionalista catalana, aliadas en tantas ocasiones.
3.     Porque la candidatura socialista, con incrustaciones a derecha e izquierda, es la única que plantea con claridad, desde la izquierda, un NO a la independencia, es decir la síntesis de los dos conceptos, repito: 1) unidad y solidaridad de la clase trabajadora de Catalunya con la de toda España, y 2)  propuesta y lucha conjunta de todas las fuerzas de progreso de España para abordar los grandes y graves problemas pendientes, como se hizo en defensa de la República (esa sí, que no era simbólica), y como hemos hecho contra la dictadura franquista, en la conquista de las libertades y en la batalla por la construcción de la democracia conquistada.
4.     Porque, aunque no comparto plenamente las propuestas del PSC para la rediscusión del “encaje de Catalunya en España” (considero posible y deseable un “referéndum pactado”, o una “consulta políticamente vinculante”) y tampoco coincido con aspectos de los planteamientos políticos del PSOE, entiendo que los problemas planteados en el punto anterior sólo pueden abordarse hoy desde Catalunya con coherencia política y la apuesta por la unidad de las fuerzas de progreso en España. El eje para ello son hoy los socialistas.
5.     Porque la candidatura de los comunes que encabeza Xavier Domènech no da respuesta a las incoherencias, vacilaciones y golpes de efecto de esta formación política en la última etapa, entre los cuales es significativa la ruptura del pacto de gobierno municipal en Barcelona con el PSC, con su proyección hacia un posible pacto expreso o tácito en la Generalitat ERC-CatComú-CUP con ERC en la dirección, como ya se insinúa. También por su pronunciamiento por un “referéndum pactado” sin definirse sobre qué posición (SI o NO a la independencia) adoptarían los comunes en éste, así como las demasiadas abstenciones en el Parlament sin rechazar de plano las cacicadas y esperpentos del “tripartito” PDeCAT-ERC-CUP. Tampoco comparto su teoría y práctica de la democracia interna promoviendo el voto de las personas afiliadas a la vez que l@s dirigentes rehúyen su responsabilidad callando irresponsablemente su criterio, aunque a veces, como la consulta sobre el pacto de gobierno municipal, con preguntas tramposas que orientan subliminalmente la respuesta.
6.     Porque en la actual coyuntura, y salvo un vuelco espectacular no previsible tras la campaña electoral, la mejor opción de gobierno de las posibles sería PSC-CatComú-ERC, con la hegemonía de la fuerza no independentista con mayor representación. Y para pilotarlo me parece Miquel Iceta la persona más cualificada. Soy consciente de que no es nada fácil, pero la otra alternativa es seguir como en los últimos años, con el bloqueo de toda política de progreso, con el debate soberanista copando la tensión política.

Ésta es hoy mi previsión de voto, y lo será a no ser que la campaña electoral y la práctica política de esta etapa hasta las elecciones me lleven a modificarla. Luego estaré atento al uso que se haga de mi voto, consciente por otra parte de que éste no constituye más que una gota en el océano. Pero es mi gota, mi contribución a los objetivos antes señalados.

Mucho nos jugamos el 21-D. De la madurez política del pueblo de Catalunya, tantas veces manifestada, y de las organizaciones sociales y políticas progresistas catalanas, espero y deseo que las elecciones del 21-D establezcan unas bases (movilización social e instituciones autonómicas) que abran las vías de un futuro que hay que construir ya.


Me interesarán los comentarios a estos apuntes que se expongan con razonamientos, no los que supuren sectarismo. 

martes, 14 de noviembre de 2017

¿Ignorantes?, ¿irresponsables?, ¿sinvergüenzas?

Después de que, hace unos días, el diputado Tardá del Parlamento español por ERC, afirmara que “no ha habido ni la capacidad ni la voluntad de implementar la república proclamada …” y añadiera que “no había mayoría social por la república…”, preclaras figuras del independentismo se despachan con otras. Veamos:

  • Puigdemont afirma que “estoy dispuesto y siempre lo he estado a aceptar la realidad de otra (diferente de la independencia) relación con España”.
·         Sergi Sabriá, portavoz de ERC: “El Govern (de la Generalitat) no estaba preparado para desarrollar la república”.
·         Carla Ponsetí, exconsejera de Enseñanza de la Generalitat: “El Ejecutivo catalán no estaba a punto para dar continuidad política de forma sólida a los resultados del 1-O

Y todo ello sin autocrítica alguna, sin pedir perdón al pueblo de Catalunya por su aventurerismo y engaños, a los 2 millones de catalanes que les creyeron, al casi millón que se manifestaron el pasado sábado detrás de una pancarta que decía “Més República” (¿más?, ¿a partir de cuánta?).

¡Ignorantes!, ¡irresponsables!, “¡sinvergüezas!. Aunque quizás el también diputado del Parlamento español Rufián, también de ERC, considere que estos adjetivos son demasiado suaves, a mí me resultan suficientes.

No creo (prefiero no creer) que los 3 adjetivos puedan aplicarse a Ada Colau cuando, para justificar la ruptura con los socialistas en el gobierno municipal de Barcelona (con el voto del 54,18% de los que emitieron opinión, es decir el 21,6% del censo de los afiliados a “los comunes”), afirma que a los políticos por la independencia y la república debe juzgarles el pueblo de Catalunya. Aunque para los que creemos en la división de poderes la “justicia popular” plantea algunos reparos, quisiera recordarle a nuestra alcaldesa de Barcelona que se olvida de que quien ha decidido consultar al pueblo de Catalunya no ha sido Puigdemont (que podía haber convocado las elecciones), ¡sino Rajoy!

¡Cosas veredes!

Aunque para corregir el rumbo ahí está el 21-D. Mucho nos jugamos ese día.


domingo, 12 de noviembre de 2017

Cuando las y los dirigentes emiten un voto secreto en lugar de dar una explicación y propuesta públicas

La noticia de esta mañana de la ruptura del acuerdo municipal de Barcelona en Comú con el PSC me ha suscitado diversas reflexiones.

Por una parte el retroceso en el gobierno de la ciudad que representa. Aunque parece que el equipo municipal y la dirección política convocantes deben pensar que “lo primero es lo primero”. Pero ello no encaja demasiado bien con la “irresponsabilidad” que Ada Colau reprochaba, por fin, el sábado a PDeCAT y ERC por su conducción del “procés”. Con esta ruptura se pone, pone el gobierno municipal, precisamente en manos de éstos, según ella (y estoy totalmente de acuerdo), “irresponsables”.

Pero por otra un fenómeno que vengo observando con preocupación en los equipos de dirección de algunas formaciones sociales y políticas. Y es que, a la vez que ejercen el “mando”, renuncian en algunas ocasiones al ejercicio de dirección. Así, ante determinados problemas, a veces los más complicados, prefieren someter la decisión al referéndum de sus afiliados sin hacer propuesta alguna al respecto. A Ada Colau se le pidió dar su opinión sobre la ruptura o no del pacto municipal, pero prefirió callar.

Quizás se trata de un problema de fondo, sobre cómo debe desarrollarse el ejercicio de dirección de las organizaciones sociales o políticas. Como corrección de la escasa democracia que justamente muchas veces se ha achacado a éstas, en ocasiones importantes se pretende trasladar la responsabilidad a las personas afiliadas.

Estoy convencido de que ciertamente hay ocasiones en las que el voto individual de todas las personas afiliadas es necesario, aunque en el gobierno diario los órganos de dirección a todos los niveles han de tomar muchas decisiones sin otra condición que su carácter colectivo, colegiado, con el que fueron elegidos. Pero cuando lo someten a referéndum interno no pueden olvidar su propia responsabilidad como órganos de dirección. Uno de ellos, considero que esencial, es dar opinión, explicar las razones de la consulta y lo que está en juego, el porqué se ha llegado a dónde se ha llegado. Y esto se olvida a veces, como ahora, sometiendo a votación la ruptura en el Ayuntamiento y ejerciendo los dirigentes sólo su derecho al voto secreto, cuando creo que su deber era hacerlo público y explicarlo. Y antes de la propia votación.
 


miércoles, 8 de noviembre de 2017

PORQUÉ he firmado el Manifiesto de los “COMUNS FEDERALISTES”, aunque me falte algo, y PORQUÉ “els COMUNS” NO tienen garantizado mi voto el 21-D


He firmado el Manifiesto de “Comuns federalistes” porque estoy de acuerdo con lo que dice, como firmé su documento contra la participación en el 1-O, un no-referéndum sin garantías democráticas.

Pero me falta: 1) una reflexión sobre la ostentosa participación de su plana mayor el 1-O, y 2) un pronunciamiento claro sobre la independencia de Catalunya, superando la “neutralidad” sobre el tema manifestada en las elecciones del 27-S, durante el gobierno Puigdemont, en relación  con el 1-O y, hasta ahora, en relación con el 21-D.

Mis planteamientos inequívocamente antiindependentistas, a partir de la apuesta por mantener la unidad, identidad y solidaridad de la clase trabajadora española, están explicados en el Manifiesto del 21-S (http://lopezbulla.blogspot.com.es/2017/08/manifiesto-para-el-acto-del-dia-22-de.html) y en mi intervención en el acto de presentación del mismo (http://iboix.blogspot.com.es/2017/09/por-la-unidad-y-solidaridad-de-la-clase.html).

Al igual que contra la DUI, me he pronunciado reiteradamente contra la violencia policial del 1-O, contra la forma cómo se ha aplicado del art. 155, contra los encarcelamientos decretados por la juez Lamela. Y ahora me pronuncio contra el evidente deterioro que los independentistas están provocando en la vida económica de Catalunya (y hablan de “parar el país”, ¿no tienen nada que decir al respecto los “comuns” y los sindicatos?).

También me pronuncio por un “referéndum pactado”, aunque a mi me bastaría una “consulta políticamente vinculante” para la entidad convocante y las principales organizaciones participantes, una consulta que no precisaría de una reforma constitucional previa.

Pero las coincidencias no son suficientes para apoyar a los “comuns”, a la candidatura que encabezará Xavier Domènech el próximo mes de diciembre. Aunque algunos plantean las próximas elecciones  como reivindicación de la independencia o el apoyo a una República que no saben si ya la han proclamado y dónde existe, el 21-D no es un referéndum sobre la independencia, sólo son unas elecciones “autonómicas”. Pero la cuestión de la independencia está en la calle y sigue estando en los planteamientos de Puigdemont, Junqueras y compañía, en la atmósfera política, y, lo que es más importante, en la amplísima movilización de la ciudadanía catalana en la última etapa, en los 11-S, así como en las muy masivas manifestaciones a favor y en contra de los últimos meses. Por ello, y por sus contenidos, no se trata de una cuestión secundaria en la vida política, aunque lamentablemente esté sirviendo para ocultar problemas fundamentales. Hay que pronunciarse pues sobre el contenido, sobre la relación de Catalunya en o con España, no sólo sobre la forma para abordarlo. En este momento cualquier organización política, cualquier propuesta, no puede ignorarlo.

Una opción “federalista” debe significar estar activamente contra la independencia, no sólo contra la independencia “unilateral”. Por ello, insisto, no hay que pronunciarse sólo sobre el procedimiento, también y con claridad sobre el contenido.

Pero de nuevo los “comuns” como organización política que es (o pretende ser), no se atreven, siguen en tierra de nadie.

Desde Alcalá de Henares voté a PODEMOS en las últimas elecciones municipales y generales. Si hubiera estado censado en Barcelona (como ahora ya estoy) hubiera votado a Ada Colau y Xavier Domènech. Me gustaría poder hacerlo en esta próxima convocatoria electoral.

Ahora, en la precampaña y en el inicio de la actual campaña electoral, mis votos son para que los “comuns federalistes” conquisten un significativo espacio y peso en la vida política catalana. Y mi disponibilidad para participar en las iniciativas que para tal fin organicen.

El 21-D mi voto dependerá de si abordan con claridad estas cuestiones, si se “mojan” sobre la independencia.





martes, 7 de noviembre de 2017

Por el trabajo decente en las Zonas Francas Industriales

Notas en relación con la próxima reunión de la OIT sobre

“Promoción del trabajo decente y protección de los principios y derechos fundamentales en el trabajo en las zonas francas industriales”

Que se realizará en Ginebra del 21 al 23 de noviembre próximos



El Consejo de Administración de la OIT ha convocado una  “reunión  de expertos”, del 21 al 23 de noviembre en Ginebra, para abordar la problemática de las ZONAS FRANCAS INDUSTRIALES.

Participarán 8 expertos de cada uno de los 3 grupos (trabajadores, empleadores y gobiernos). Por parte española participará Víctor Garrido, de CCOO-Industria y Coordinador de IndustriALL Global Union  para el Acuerdo Marco Global con Inditex.

Víctor y yo estamos preparando esta reunión, para lo que se adjuntan unas primeras notas de trabajo.


1.- Del informe de la OIT para la reunión

(Informe que se puede encontrar en español, inglés y francés en: http://www.ilo.org/empent/Eventsandmeetings/WCMS_582730/lang--en/index.htm)

1.     A las Zonas Francas Industriales, en la que se instalan filiales de las empresas multinacionales o empresas a las que éstas subcontratan su producción, se les han aplicado también otras denominaciones: “Puertos Libres”, “Zonas de Libre Comercio”, “Zonas Económicas Especiales”, …
2.     El informe de UNCTAD de 2015 apuntaba la existencia de 4.500 Zonas Francas Industriales (ZFI) en el mundo, distribuidas en: 47% Asia, 24% América Latina y Caribe, 12% África, 17 % resto del mundo. Diversas fuentes permiten situar como nº de ZFI: 845 en 1997, siendo ya 3.500 en 2006, para llegar a las 4.500 en el 2015.
3.     El Banco Mundial cifraba en 2005 el empleo en las Zonas Francas en 66 millones de trabajadores, con (en millones): 50 en China; 6 en Indonesia; 1,3 en México; 0,95 en Vietnam; 0,88 en Pakistán; 0,55 en Emiratos Árabes Unidos.
4.     En 2014 (19 de mayo en Dubai) se constituyó la “Asociación Mundial de Zonas Francas” que esperan tener 1.000 socios en 2017. No consta ninguna organización sindical específica de o para las ZFI.
5.     En general son trabajadores del propio país, con excepciones importantes como Jordania, en la que el 75% de los trabajadores en ZFI proceden del Sudeste Asiático.
6.     La proporción  de mujeres varía mucho entre países y sectores industriales, oscilando entre el 90% en Jamaica hasta el 10% en Bahrein.
7.     La existencia de ZFI ha provocado que la Inversión Extranjera Directa (IED) se orientara hacia éstas: en los años 90 en China las IED se dirigieron en un 90 % a sus ZFI.
8.     Las ventajas empresariales (multinacionales) en las ZFI son en general de dos tipos: fiscal y laboral
a.     Disminución o exención de impuestos, fácil repatriación de capitales y beneficios, inaplicación de cuotas de mercado cuando existían, entre otros.
b.     Legislación laboral más lesiva para los derechos de los trabajadores, en ocasiones anulando parte de la del propio país, esencialmente en relación con la libertad sindical, derechos de sindicación, de huelga y de negociación colectiva. Menor ejercicio de las funciones de inspección laboral del país, incluso privatizándola.
c.     Sistemas de “protección” de la ZFI, con vallas, guardias de seguridad, requisitos y control de los accesos, …
9.   Peores condiciones de trabajo como consecuencia de todo lo anterior, con posible traducción incluso en trabajo forzoso (retención de documentación, sin libertad de movimientos en la ZFI), con repercusión  también en las condiciones de vivienda, salud y seguridad laboral, …
10.Acoso sexual
11. Pronunciamientos de la OIT sobre esta situación desde 2006, aunque en general su eficacia no pasó de los papeles. En la declaración de la Conferencia de 2016 sobre “trabajo decente en las cadenas de suministro” vuelve a plantearse la “posibilidad de un plan de acción”, cuya primera iniciativa podría considerarse la actual reunión de expertos convocada por el Consejo de Administración.
12. El informe señala el pronunciamiento de la organización de los trabajadores de la OIT, ACTRAV, sobre el interés de Acuerdos Marco con multinacionales que operen en Zonas Francas, señalando como referencia positiva al respecto “uno” concluido en 2007, es decir el acordado con Inditex (sin citarlo expresamente)
13. Cierra el informe de la OIT unas propuestas para su discusión:
a.     Principales desafíos
b.     Orientaciones para los sistemas de gobernanza
c.     Consulta a las organizaciones de empleadores y trabajadores
d.     Incremento de la coordinación

2.- Algunas propuestas de acción e intervención  

En base a todo ello y algunas experiencias sindicales, señalamos algunas posibles vías e iniciativas de acción:

1.     Elaboración de un mapa de las principales Zonas Francas Industriales, señalando:
a.     Número de empresas instaladas
b.     Principales multinacionales (EMN), como casas matriz o clientes, de cada ZFI
c.     Principales actividades desarrolladas, así como de cada una de las EMN señaladas
d.     Nº total de trabajadores de cada ZFI, así como de cada una de las principales EMN de cada una de ellas
e.     Características principales de las plantillas indicadas: nacionalidad, géneros, …
f.      Legislación laboral y fiscal aplicable, con referencia además a la del propio país de la ZFI
g.     Acuerdos Marco existentes con las principales EMN de cada ZFI y sus contenidos esenciales (derechos de los trabajadores y de los sindicatos locales)
2.     Iniciativas de organización, convocatoria y orientaciones por parte de la OIT (con una representación tripartita o unas primera reuniones separadas) para abordar lo señalado en el punto anterior y sus conclusiones, así como lo apuntado más abajo en el punto 3:
a.     Reuniones confederales y federales con los sindicatos de los países cabecera de las EMN que operan en ZFI, convocadas por la CSI y por las Federaciones Sindicales Internacionales de los respectivos sectores
b.     Reuniones con los sindicatos locales de los principales países donde se sitúan las ZFI
c.     Reuniones con las principales EMN operando en ZFI
d.     Reunión con las EMN que tengan concluidos Acuerdos Marco Globales, con participación de los respectivos Coordinadores y Federaciones sindicales sectoriales
e.     Reuniones con los gobiernos de los países donde se sitúan las casas matrices de la principales EMN operando en las ZFI
f.      Reuniones con los gobiernos de los países donde se sitúan las principales ZFI
g.     Reuniones periódicas de los expertos de la OIT para evaluar la evolución del trabajo realizada a partir de esta iniciativa, así profundizar en el conocimiento de la realidad de las ZFI y los problemas que plantean
h.     Examen en una nueva reunión tripartita de expertos de la posible normativa, Convenio OIT, al respecto
3.     Propuestas para incorporar a estas reuniones:
a.     Designar una EMN como “empresa líder” en cada ZFI
b.     Establecer un “Coordinador sindical” en cada ZFI por parte de los sindicatos locales, con derecho de acceso a todas las empresas de la misma
c.     Formalizar la relación de estos Coordinadores sindicales con los correspondientes de las principales EMN operando en cada ZFI
d.     Proyecto piloto con visitas de 3 expertos (sindical, empresarial y gubernamental) a las principales empresas de las principales ZFI para una primera investigación. En tales visitas se realizarían 3 tipos de encuentros: 1) con la dirección empresarial, 2) con las representaciones sindicales y 3) individualmente con trabajadores elegidos por la delegación de la OIT en su visita y/o a sugerencia de los 2 primeros encuentros.

Noviembre 2017


miércoles, 25 de octubre de 2017

NUEVA APROXIMACIÓN SINDICAL A LAS CADENAS DE SUMINISTRO DE MARCAS ESPAÑOLAS – En este caso de MANGO y de EL CORTE INGLÉS en PORTUGAL



El pasado mes de junio acompañé a Víctor Garrido, actual responsable desde CCOO-Industria de los Acuerdos Marco con multinacionales de cabecera española, a visitar fábricas portugueses de las cadenas de suministro de MANGO y de EL CORTE INGLÉS.

Como siempre coordinamos estas visitas con los sindicatos portugueses y con los Departamentos de RSC de las multinacionales españolas. En esta ocasión, junto con  el permanente interés por la industria del vestido y del calzado suministradora de las marcas españolas, nos orientamos a aproximarnos a los pequeños tallares instalados en viviendas y coordinados a través de “intermediarios”. Abordamos también el trabajo a domicilio a partir de una fábrica del calzado.

Nos reunimos también con los sindicatos portugueses para establecer su relación con las marcas españolas y sus delegaciones en Portugal, así como para planificar el trabajo sindical de la próxima etapa en relación con las cadenas de producción portuguesas de éstas.

Todo ello lo hemos reflejado en el informe que se encuentra en:






miércoles, 18 de octubre de 2017

Sin líderes en quienes confiar … pero con televisión, “mossos”, y ahora “mártires”. ¿Cómo salimos de ésta?



 Ésta es la impresión y preocupación que me produce el movimiento independentista de Catalunya en este momento. Parece movilizar a algo más de 2 millones, en torno a un tercio de la población, de lejos el sector mayoritario desde la perspectiva de una movilización activa en torno a un objetivo concreto, la independencia, que es prácticamente el único objetivo vivo hoy en la sociedad catalana.

Precisamente por ello es más lamentable el nivel de incompetencia e irresponsabilidad de los que lo promueven y supuestamente lo dirigen. Les ayuda sin duda la irresponsabilidad e incompetencia del Gobierno del PP y su dependiente fiscalía, con la hazaña ahora de acusar de “sedición” a los dirigentes de las dos entidades independentistas de masas cuyo principal mérito hasta ahora ha sido en mi opinión haber sabido impulsar un movimiento nacionalista, enorme, pacífico en alto grado, con escasísimos momentos de pérdida de control por los que no se les puede ni debe responsabilizar. Pero ya parecen “mártires”, otro logro de unos y otros.

Los dos Jordis, con la tripartita alianza PDeCAT-ERC-CUP, han ciertamente impulsado el movimiento independentista, vacío aún de todo otro contenido social o político. Y que ha llegado a un impass importante del que no está claro que sepan cómo salir, aunque puedan aún darnos nuevas muestras de incompetencia vestidas de “audacia” y “astucia”.

Considero de un enorme interés entender, y valorar, las movilizaciones del 11-S de los últimos años y particularmente la del 1-O de éste, que no fue ciertamente un “referéndum”. También la de ayer y la del próximo sábado. Pero algo muy importante sí han sido, son. Porque mi profundo desacuerdo con sus contenidos, con la independencia, no me lleva a no apreciar lo que están suponiendo. Por ello precisamente me parece que lo peor para el futuro inmediato y mediato sería la frustración de este movimiento, que pudiera sentirse engañado por “los políticos”, por “la política”.

Estoy de acuerdo con los que plantean que la lógica de nuestra historia, de nuestra positiva historia, Constitución del 78 incluida, sitúa como principal sujeto político al pueblo español en su totalidad. Y a él hay que apelar para modificar nuestra Constitución. Pero nada impediría realizar primero, o paralelamente (en todo caso de forma autónoma) una Consulta en Catalunya, que, debería (y podría) ser “políticamente” vinculante, aunque no lo fuera “jurídicamente” de forma automática. Ello supone evidentemente el acuerdo para su convocatoria (y para la asunción –política- de sus resultados como garantía de seriedad y significación) por parte de las principales instituciones y fuerzas políticas y sociales del Estado y de la Comunidad Autónoma, Gobierno y Govern del momento incluidos. Una convocatoria, y el acuerdo para la misma, que debería incorporar las garantías democráticas de pregunta (no es secundario), censo, campaña, escrutinio, …

En el supuesto de que saliera mayoritaria la “independencia” (aún evitable, en todo caso no inevitable), habría que adaptar la Constitución para aplicar el resultado de la negociación que ello exigiría, una negociación y un resultado que tendrían que ir más allá de la plasmación del simple “derecho a la secesión”. Todo ello en el marco de la Unión  Europea, con una baza en la negociación que sería la disposición de España a apoyar la “permanencia” de Catalunya en la Unión, partiendo de algo a no olvidar como es la distinta significación hoy de las fronteras en esta Europa, de las heredadas de algunos siglos pretéritos.

No planteo pues mi propuesta como aplicación del sacrosanto principio general (o dogma) de la autodeterminación, sino como solución política al actual conflicto tras el muy importante proceso movilizador desarrollado en Catalunya desde 2010. La también importante movilización “unionista” del 8 de octubre tiene un indudable interés, pero, en la medida que se contrapone al 1-O y sus antecedentes (aunque no alcance su nivel), no hace más que abundar en mi opinión en la necesidad de resolverlo principalmente desde la propia sociedad catalana y mediante una votación. Me temo que solamente unas nuevas elecciones al Parlament de Catalunya, las convoquen unos u otros, nos dejarían igual, o casi, a como estamos ya, aunque podrían suponer una actualización de la foto y nos tendrían entretenidos una temporadita. 

Quizás (probablemente) todo ello exige otro gobierno en España (me niego a considerar que no es posible) y también en Catalunya. Plantearlo así apunta a que no se trataría de una “solución” inmediata, pero situaría un itinerario que puede contribuir a construir o desarrollar la o las fuerzas políticas que puedan culminarlo. Y ahí es donde entiendo que los “comunes”, además de repetir lo del “referéndum pactado”, deberían pronunciarse con claridad sobre contenidos, no sólo sobre procedimientos, es decir contra la independencia. Así sí, así serían más “transversales” todavía, y probablemente podrían sumar a un sector del 1-O y del 8-O, además del más reducido aún del 7-O. O al menos intentarlo. ¡Hacer política en definitiva!

En este contexto una gran responsabilidad le corresponde al PSOE, PSOE-PSC, en su posición de bisagra que parece desempeñar. Y a los sindicatos, desde la defensa coherente de los intereses sociales y políticos de los colectivos que les corresponde organizar y representar.

¿Utopía? ¿Política-ficción? Quizás, pero no se me ocurre otra.








miércoles, 11 de octubre de 2017

¿Galimatías-confusión jurídico-terminológica? Es necesaria una respuesta a la extraordinaria movilización popular en Catalunya



 Las peripecias parlamentarias del Govern Puigdemont, sobre todo tras la sesión de ayer, podrían parecer una mala ópera bufa si no fuera por la extraordinaria movilización de la ciudadanía de Catalunya que ha arrastrado. Lo que sí es evidente es la irresponsabilidad e incompetencia de los dirigentes políticos y sociales del independentismo catalán. No sólo, no tanto, en el confuso malabarismo del 10 de octubre, sino desde el inicio del “procés”.

Y también la irresponsabilidad, y permanente provocación, desde el Gobierno de España, del gobierno del PP. Desde su oposición al Estatut de Catalunya de 2006, recortado luego por el Tribunal Constitucional, hasta su persecución del 1-O culminada con las agresiones policiales.

¿Cuál es la peor de las incompetencias, de las irresponsabilidades? ¿La del Gobierno del PP, o la del Govern de “Junts pel SÍ”-CUP? Tanto monta, monta tanto.

Por otra parte entiendo que no es éste el principal problema. En mi opinión lo más grave es la, todavía pendiente, respuesta eficaz a la extraordinaria movilización popular que se ha ido desarrollando a lo largo de los últimos años.

¿Cuál es el proceso para dar esta necesaria respuesta? ¿Diálogo-negociación del Govern catalán con el Gobierno español? ¿De Rajoy con Puigdemont? No parece que sepan sobre qué han de dialogar-negociar, ni que realmente quieran.

Pero sí puede, debería, resolverlo la ciudadanía de Catalunya para determinar su relación con el Estado español. Con una convocatoria a la que nos sintamos todos los catalanes llamados, en igualdad de condiciones, con plenas garantías democráticas (pregunta, administración electoral, campaña, censo, recuento, …). Estas garantías no se dieron el 1-O, que constituyó una extraordinaria movilización, pero que no fue ni una consulta ni un referéndum.

No parece posible en el marco de la Constitución, nuestra Constitución democrática, un “referéndum de autodeterminación”. Pero no es imposible organizar una efectiva consulta para conocer la voluntad del pueblo de Catalunya, con el previo compromiso político de asumir su pronunciamiento y de desarrollar el diálogo-negociación para su aplicación, incluyendo las reformas legales que de la misma pudieran resultar.

Ni el Gobierno de Rajoy ni el Govern de Puigdemont parecen estar en condiciones de desarrollarlo, pero ello no debería ser un impedimento. Las urgencias ahí no valen. Lo que vale es desarrollar un proyecto político profundamente democrático en Catalunya y en toda España, con otros gobiernos, que incluya tal consulta y en el que sumen y coordinen sus fuerzas independentistas y no independentistas.

Y, a la vez, no se nos olvide, situar de nuevo en la agenda política y social los graves problemas de fondo pendientes, aparentemente olvidados en este momento, de necesario avance en los derechos políticos, pero también sociales, económicos, de condiciones de  condiciones de vida y de trabajo.

Algunos, creo que muchos, lo queremos hacer con la clase trabajadora del conjunto de España, con las organizaciones sociales y políticas de progreso del conjunto del Estado español, porque nuestros problemas y nuestras reivindicaciones están estrechamente interrelacionadas, porque nos sentimos implicados en una larga historia común.  


sábado, 7 de octubre de 2017

En la Globalización: ¿Sindicalismo “global”?

En este 7 de octubre de 2017, “Jornada de Acción Sindical Mundial por el trabajo decente” (http://www.ccoo.es//8f8a480ce11755d8ec0710a6c37e946f000045.pdf) aporto este artículo, pedido por la Revista “ARXIUS DE CIÈNCIES SOCIALS” de la Universitat de Valencia, con algunas consideraciones, no demasiado optimistas, sobre la acción al respecto desde el sindicalismo nacional y supranacional organizado:

Parece obvia la respuesta positiva, pero intentaré explicar porque no lo veo así, aunque me gustaría que así fuese. Y para ello otra pregunta: ¿Es necesario el sindicalismo global en la globalización?, y en el supuesto afirmativo: ¿es posible, existe, en qué consiste?
Mi reflexión al respecto resulta además facilitada por el sugerente título general propuesto por ARXIUS: “crisis y renovación del sindicalismo”, que parte del convencimiento, que comparto, de que el sindicalismo también sufre una crisis y que de ella deriva la exigencia de su renovación. Y ello es de aplicación a lo que hoy pueda ser, si es, el “sindicalismo global”.
Existen ciertamente unas estructuras que dicen representar al sindicalismo mundial, internacional o global, tanto confederalmente (la Confederación Sindical Internacional, CSI) como sectorialmente en los principales ámbitos (IndustriALL Global Union para los sectores industriales). Pero para que exista no es suficiente proclamarlo.
Si tal “sindicalismo global” existiera, y en todo caso si pudiera existir, creo también de interés preguntarnos ¿en qué consiste, o consistiría? ¿cuál es, o sería, hoy su realidad? ¿Cuáles sus principales problemas, retos, acciones, …? Como entiendo que no tenemos todas las respuestas a todas las preguntas, voy a aportar mi opinión a partir de mi concreta experiencia. Con una primera consideración sobre lo que pudiera parecer también una obviedad, como es la respuesta a la pregunta de “¿qué es el sindicalismo?


1.-¿Qué intereses? ¿Qué organización? Síntesis, no suma, ni sólo lo coincidente

Aunque se trata de una ya vieja definición de los estudiosos de las organizaciones sociales, creo conviene recordar el concepto clásico de los sindicatos como “organización de intereses” para definirlos en función de los intereses que se pretende defender. Hablamos de “intereses colectivos” con entidad propia, pero también necesarios para la tutela de los “individuales”, que para el sindicalismo deben referirse al colectivo al que le es de aplicación la condición de “trabajador”. Y trabajadores,  para utilizar una definición que nos ha de resultar próxima (la del artículo 1 del Estatuto de los Trabajadores), son “los que voluntariamente presten sus servicios retribuidos por cuenta ajena y dentro del ámbito de organización y dirección de otra persona, física o jurídica, denominada empleador o empresario”. Supone colocar el salario y sus condiciones de dependencia en el eje de esta relación, por lo que algunos idiomas utilizan para el “trabajador” la denominación de “asalariado”.
Organizar a los trabajadores de un determinado ámbito significa determinar cuáles puedan ser los intereses comunes de todos los asalariados del mismo, lo que abre una necesaria discusión sobre cuáles son y cómo se establecen estos intereses comunes. Una primera consideración es que no pueden ser la suma en la medida que los hay contradictorios entre los individuaos de un mismo colectivo. Pero tampoco solamente los coincidentes. Como primera aproximación entiendo que tales intereses comunes son la síntesis de los de todos los individuos o colectivos de los niveles inferiores que su pretende unificar en el nivel superior, incluyendo los necesarios para la tutela de los individuales, de todos los individuales, también de los detectados como contradictorios.
Considero esta cuestión merecedora de análisis más completos, como clave para muchas cosas, fundamentalmente para dos objetivos básicos: 1) cómo establecer la “plataforma reivindicativa” de cada ámbito partiendo de los intereses no plenamente homogéneos de los individuos o colectivos que lo integran y 2) qué forma de organización, qué órganos de representación y dirección deben establecerse en tal ámbito.
Para reflexionar sobre un posible sindicalismo “global” habrá que examinar en primer lugar si existen tales intereses comunes, sintetizables, del conjunto de la clase trabajadora en el ámbito mundial.  Y de tales intereses comunes deberá surgir la organización para defenderlos solidariamente. Una organización “común” con intereses propios, únicos para toda la organización, y no suma de organizaciones con diversos intereses propios, tampoco sólo en torno a los coincidentes. Síntesis de intereses y síntesis en la organización.
Para tales objetivos no resulta suficiente recordar la histórica consigna de “proletarios de todos los países uníos” del Manifiesto Comunista. Ciertamente hoy se mantienen igual a los del Siglo XIX los elementos básicos de las relaciones sociales del sistema capitalista, aunque la evidente evolución de éste y su interrelación de una a otra punta del globo, obliga a examinar cuáles puedan ser hoy tales intereses comunes para deducir de ellos las líneas maestras de una posible organización sindical global para defenderlos.
Durante los Siglos XX y XXI la extensión de las relaciones capitalistas de producción ha provocado la del trabajo asalariado, así como una progresiva heterogeneidad de la clase trabajadora en cada país, una mayor interrelación entre países (comercial y de deslocalización-relocalización), una progresiva internacionalización de la actividad productiva,…. , generando también intereses contradictorios (pérdidas de empleo en el Norte, dumping social, …). Afloran enormes desigualdades existentes en los salarios, en las jornadas de trabajo, en las condiciones de salud y de vivienda, … Crecen las desigualdades entre países y en un mismo país, pero también se producen fenómenos de reequilibrio, de lo que es un ejemplo que los salarios mínimos de China, que se situaban entre 30 a 65 €uros mensuales (según regiones) en 2006, pasaron a estar entre 250 y 300 €uros en 2016, superando al de Bulgaria, país de la Unión Europea.
Ante todo ello hemos de preguntarnos: ¿Qué puede unir a los trabajadores del mundo? ¿En qué coinciden? ¿Solidaridad porque, dicen, todos luchamos contra los capitalistas? ¿Para tener todos el mismo salario? ¿Sería “sostenible” una inmediata y general igualdad de salarios a su máximo nivel actual?, ¿y de general aceptación si fuera a otro nivel?  Siendo esencial el salario en la condición de trabajador, ¿hablamos de la condición independientemente de su cuantía, de su contenido, de sus condiciones? ¿hay otras cuestiones que unifiquen a la clase?
No puede haber solidaridad sin un interés común e importante a defender. La solidaridad para ser efectiva debe interesar a quien la practica, no sólo a quien la recibe. A los trabajadores que mejores condiciones de trabajo tienen, tenemos, les interesa, nos interesa, que la práctica de derechos y las condiciones dignas de trabajo se extiendan. Para no quedar aislados, para que del asilamiento no surja la debilidad. Y aunque ello debe ser importante objeto de análisis, ahora sólo quiero señalar lo que en mi opinión son los elementos de cohesión del conjunto de trabajadores del planeta: los derechos, derechos de acción sindical, la libertad sindical, el derecho de huelga y el de negociación colectiva, el derecho a un salario vital[1], y a la seguridad, a la vida, como derechos esenciales. Los considero la base para la conquista de los demás derechos constitutivos de condiciones de trabajo dignas, y al mismo tiempo elemento homogeneizador y solidario. Por ello, si es así, las acciones en ejercicio y defensa de tales derechos son la base para la activa solidaridad. Y definen la “contraparte” con la que negociar y acordar, o a la que combatir: en primer lugar las multinacionales y las instituciones globales y nacionales. Integrado todo ello en la reivindicación de un nuevo orden jurídico internacional que establezca una tutela efectiva y generalizada de los derechos fundamentales del trabajo, con instrumentos eficaces para su aplicación y para la sanción de los incumplimientos.

2.- El Sindicalismo y la actual crisis de legitimidad institucional

Ahora me interesa abordar los problemas que se plantean para construir la organización “global” de los trabajadores como clase social. Los problemas de hoy, en este 2017, cuando subsisten cuestiones de fondo puestas de manifiesto por la crisis. Una crisis no sólo económica, también institucional, que ha provocado una crisis de confianza social en unas instituciones que se afirman representativas cuando cumplen formas y procedimientos previamente consensuados, y que deberían garantizarlo, pero que no siempre lo son desde la perspectiva de los formalmente representados. Una crisis de confianza que parece que afecte más a las organizaciones políticas, pero de la que no se libran las sociales, los sindicatos entre ellas.

Examinemos las actuales estructuras sindicales. Las supranacionales constituyen el objetivo de este trabajo, aunque es necesario tener presentes las nacionales, las regionales, las sectoriales, hasta las de centro de trabajo, en la medida de que el colectivo global surge de todos los colectivos en tales diferentes ámbitos. Ahora hay que volver a señalar que no se trata de la suma de todos ellos sino de su síntesis, no de la yuxtaposición de personas, organizaciones e intereses, sino de su integración en un colectivo de otras dimensiones, el colectivo “global”. Una integración en torno a intereses comunes que no excluye su específica identidad, y autonomía, en torno a los intereses particulares de cada colectivo, asumiendo que pueda haber intereses contradictorios entre tales colectivos. Seguramente la clave para entenderlo sea la ya apuntada no identidad entre suma y síntesis.
La crisis económica, traducida en pérdidas de afiliación ante las dificultades y la carencia de respuestas eficaces, así como de financiación institucional, significó sin duda la acentuación de los problemas financieros de las organizaciones sindicales, lo que además llevó a que muchas redujeran sus cotizaciones a las estructuras supranacionales, regionales o mundiales, provocando el debilitamiento de éstas. Pero al mismo tiempo la crisis planteó nuevos problemas que demandaban una respuesta sindical supranacional, mayores exigencias a tales estructuras supranacionales. Un problema similar al que sufrían muchos sindicatos nacionales.
En este 2017 los dos grandes sindicatos españoles, CCOO y UGT, afirman una recuperación afiliativa. Bienvenida sea, pero quizás, siendo positivo, lo esencial no sean las cifras. Habrá que considerar qué es lo que las personas afiliadas esperan del sindicato, la evolución de su grado de adhesión. No sé si hay una vara de medir la confianza, el sentimiento de sentirse representado, la consciente y activa delegación de la defensa de derechos e intereses en la institución.
La señalada crisis de confianza no creo tenga su origen en las dificultades para encarar la crisis económica, su repercusión en las condiciones de trabajo y de vida de la clase trabajadora y, sobre todo, en la respuesta dada desde las organizaciones sindicales, pero seguramente todo ello la ha agravado como consecuencia de  la demostrada incapacidad para corregir las políticas austericidas y la aparente inutilidad de las acciones convocadas para hacerle frente, por la falta de análisis y explicación del porqué del fracaso [2].
Partiendo de estas consideraciones, sugerencias y apuntes, así como de mi particular experiencia, me interesa en este punto examinar cuáles son los instrumentos para la acción sindical supranacional, global, su funcionamiento, sus planteamientos generales y sus criterios de acción, también los problemas que entiendo existen para poder cumplir mejor la función que se supone tienen.  
3.- Algunos síntomas preocupantes

Creo que se entenderán mejor mis comentarios sobre la organización sindical si previamente recojo algunos hechos, sin aparentemente directa relación entre ellos, pero que no considero anécdotas desgraciadas, sino síntomas del quehacer de las organizaciones sindicales supranacionales y su relación con las nacionales.

·           La página web de IndustriALL Global Union (http://www.industriall-union.org/es) ha informado en diversas ocasiones de conflictos en filiales y proveedores de grandes multinacionales, llamado a la solidaridad de forma genérica. Así ha sucedido en mayo y junio de este año informando de agresiones a los derechos de los trabajadores en una filial en Indonesia de la americana Freeport y la japonesa Mitsubishi, o en Sudáfrica de la General Motors. Pero no había en tales informaciones ni una palabra, ninguna referencia ni orientación de las necesarias acciones de los sindicatos americanos o japoneses para presionar a la cabecera de la multinacional en solidaridad con los trabajadores de la cadena de valor de su misma multinacional[3]

·           En la reunión de los días 14 y 15 de diciembre de 2016 del Comité Ejecutivo (CE) de la Confederación Europea de Sindicatos (CES), Luca Visentini, su actual Secretario General, afirmó “Los sindicatos están para negociar, para movilizar ya están las ONGs”, manifestando una profunda ignorancia, difícilmente aceptable en un Secretario General europeo, de la estrecha relación entre negociación y movilización en la acción sindical.
·           Las delegaciones sindicales europeas que asistían en Sao Paulo al 3er Congreso de la Confederación Sindical de las Américas (CSA-CSI), celebrado del 25 al 26 de abril de 2016, se reunieron para examinar la propuesta del CE de la CES de realizar en mayo en Berlín una masiva manifestación sindical europea contra la política de la Unión Europea sobre los refugiados. Los sindicatos alemanes manifestaron que “la situación actual de Alemania no permite esa acción”. Los sindicatos italianos propusieron entonces una movilización en la frontera entre Italia y Austria, uno de los escenarios de tal política europea, a lo que los sindicatos austríacos indicaron que “se oponen frontalmente a cualquier acción en esta zona”. La conclusión en Sao Paulo de los sindicatos europeos fue que la única posibilidad era “estar pendientes de que los sindicatos italianos acepten el reto de una manifestación masiva en Roma a finales de junio”.  Pero de ello ya no se volvió a hablar, parece que no aceptaron el reto[4].
·           A lo largo de la crisis se han desarrollado en Europa movimientos huelguísticos en bastantes países contra las políticas económicas de los respectivos gobiernos y patronales. Bastantes Huelgas Generales, alguna en España, donde más en Grecia, con reiterada denuncia de las imposiciones austericidas de la Unión Europea. Pero ninguna convocatoria de Huelga General Europea, tampoco en Alemania. Ni se abrió la discusión sobre su posibilidad. No se analizaron luego los porqués de estas ausencias, ni tampoco la evolución de dichas huelgas en sus contenidos, formas y participantes, tampoco sus resultados, su concreta incidencia en cada país y en la Unión Europea.  
·           En enero de 2009 se produjeron importantes huelgas (inicialmente “salvajes” y apoyadas luego por los sindicatos británicos) en la refinería de Lindsey contra el intento de contratar a trabajadores italianos y portugueses, y cuyo contenido podría resumirse en el slogan acuñado al respecto por el primer ministro Gordon Brown: “empleos británicos para los trabajadores británicos”. El debate sobre el tema en el CE de la EMCEF (la entonces Federación Sindical europea de la Química, la Energía y la Minería) sólo se tradujo en el finalmente mayoritario rechazo de una propuesta de moción solidaria con aquellos huelguistas presentada por los sindicatos británicos.
·           Desde 2008 el “7 de octubre” es, nada menos, la ”Jornada mundial por el trabajo decente”. En Europa, y no en todos los países, sólo hemos sido capaces de impulsar “jornadas” simbólicas en torno a los problemas del “trabajo decente” en el propio país, nunca con un consciente planteamiento de que el eje debía ser el trabajo decente “en el mundo”, partiendo para ello de la acción sindical en relación con las multinacionales, esencialmente de cabecera europea o norteamericana, cuyas cadenas de producción llegan a todos los confines del globo.
·           En los Congresos de la CES de Sevilla (2007) y Atenas (2011) se planteó una cuestión capital para todo sindicalismo, también para el europeo, la negociación colectiva en su ámbito. Y como punto no secundario el de un posible salario mínimo europeo. No fue posible ni siquiera el acuerdo para avanzar en la discusión de una posible plataforma reivindicativa europea común centrada en los derechos básicos del trabajo, por la oposición de algunos sindicatos, los nórdicos en particular. Y seguimos igual.
·           En el mencionado Congreso de la CES de mayo 2007 en Sevilla, Guy Ryder, recién elegido Secretario General de la Confederación Sindical Internacional en su Congreso fundacional de 2006, lanzó un llamamiento a construir un “nuevo internacionalismo sindical”. Ni de la fórmula (en la que hay que subrayar sus 3 conceptos: “nuevo”, “internacionalismo” y “sindical”), ni de sus posibles contenidos, nunca más se supo. 

Son ciertamente episodios aparentemente desconexos entre sí, pero los considero por una parte suficientemente preocupantes cada uno de ellos, y, por otra, síntomas claros de un problema de fondo: la existencia de serias deficiencias en la función dirigente de las estructuras sindicales supranacionales,

4.- Las estructuras sindicales supranacionales, composición, método de trabajo, ejes de su acción sindical

Es evidente la directa relación entre los contenidos de una acción social y la organización que la protagoniza. Así creo que hemos de abordar las formas de organización y trabajo de las estructuras sindicales supranacionales. Si sus contenidos deben ser, como pienso, síntesis, no suma, de las organizaciones que las integran desde los diversos ámbitos nacionales y sectoriales, la organización protagonista de esta síntesis no debería ser una simple coordinadora de las organizaciones nacionales, sino un órgano sindical capaz de asumir, protagonizar y dirigir los interés comunes, no coordinar los más o menos coincidentes.

Pero “coordinadoras” es lo que son de hecho las organizaciones sindicales supranacionales cuando establecen en sus estatutos rígidas cuotas territoriales en la composición del órgano de dirección, el Comité Ejecutivo. Y si en algo desbordan algunas veces esa función coordinadora es esencialmente por sus tics autoritarios de dirección burocrática.

Unas cuotas territoriales desde las regiones mundiales que en la práctica van acompañadas por la voluntad de control por parte de las organizaciones nacionales que más cuotas aportan, y que en casi todas las estructuras supranacionales son Alemania, los países nórdicos europeos, Estados Unidos, Japón, Reino Unido, Brasil, Sudáfrica y Australia, las cuales acaban repartiéndose las funciones decisivas en los órganos, así como las decisiones en la política de contratación de los cuadros técnicos de dirección. El problema no es tanto en mi opinión que haya muchos alemanes, suecos, estadounidenses, británicos, …, en los órganos de dirección, sino que cuando actúan desde éstos no se olvidan suficientemente de que lo son. A ello habría que añadir que algunas de las contrataciones resultan, salvo por amiguismo, absolutamente imposibles de explicar sindicalmente, lo que no sólo se traduce en una evidente incapacidad de dirección sino incluso en un claro entorpecimiento de muchas iniciativas sindicales, una negativa gestión que resulta además de un elevado coste.

Con tales antecedentes resulta comprensible la escasa función sindical dirigente en el ámbito global que desarrollan las actuales estructuras sindicales supranacionales, más allá de periódicas proclamas con tópicos sindicales supuestamente de aplicación en todos los continentes y en todos los tiempos, con una escasa o nula función de síntesis de las posiciones sindicales heterogéneas que resultan en los diversos países y/o continentes. Todo ello, sin embargo, no debe llevar a olvidar algunos positivos avances en este sentido reflejados a continuación. Son insuficientes, pero acreditan que es posible.

Elaborar las posibles reivindicaciones comunes, resultado de la síntesis de las de ámbitos inferiores, no es sencillo, seguramente es un  aspecto clave en la construcción del sindicalismo supranacional, ya lo es de hecho para trascender del centro de trabajo al sector, al país, …  A ello podría ayudar el análisis de las plataformas reivindicativas a los diversos niveles y ámbitos de la acción sindical y su traducción en iniciativas de dirección sindical. Es en todo caso una tarea poco frecuente y entiendo que muy necesaria.

5.- La negociación colectiva transnacional. Los Acuerdos Marco Globales, los ya existentes y los aún inexistentes

En la medida de que el sindicalismo es acción social colectiva, movilización, negociación y acuerdo, acuerdo para que la contraparte (organizaciones empresariales, administraciones públicas) asuman compromisos a partir de los derechos sindicales consensuados, un elemento que define la existencia plena de una organización a determinado nivel es si ha logrado acuerdos formales de su ámbito que tutele las relaciones laborales en el mismo. O, al menos, si lo ha planteado como objetivo efectivo a partir de una plataforma reivindicativa que lo aborde y orienta su acción en torno a la misma.

Ya me he referido a las reticencias, no superadas, para la negociación colectiva europea. Puede objetarse, y es cierto, que las organizaciones empresariales europeas son muy reticentes a tal negociación, incluso las hay en algunos sectores que se han dado estatutos que se protegen frente a ello, que prohíben expresamente la negociación de cuestiones relacionadas con las condiciones de trabajo. Por otra parte la Directiva sobre los Comités de Empresa Europeos les atribuye sólo funciones de “información y consulta”, no de negociación. Pero el problema principal considero que es la propia y escasa voluntad de los sindicatos europeos al respecto.

Los Acuerdos Marco Globales suscritos por el sindicalismo global (Federaciones Sindicales Internacionales) con algunas multinacionales son una efectiva expresión de negociación y acuerdos transnacionales. Suponen un avance cualitativo en relación con los Códigos de Conducta decididos unilateralmente por las empresas multinacionales, al establecer no sólo los contenidos de los compromisos empresariales de Responsabilidad Social, sino sobre todo los mecanismos de intervención sindical para hacerlos efectivos. Si se tratara de indicar sus elementos más importantes subrayaría el derecho sindical (de las instancias sindicales supranacionales y de los sindicatos locales) de conocer todos los centros de trabajo que integran su cadena de suministro, integrando toda la cadena de subcontrataciones, así como de acceso sindical a tales centros de trabajo.

En los sectores industriales existen 47 Acuerdos Marco Globales (AMG) firmados por la Federación Sindical Internacional, IndustriALL Global Union, alcanzando hasta un centenar los suscritos por el conjunto de estructuras sindicales supranacionales. Siendo muy importante estas cifras, más importante es señalar que pueden llegar a 10.000 los compromisos empresariales unilaterales sobre el trabajo decente en el mundo (en forma de Códigos de Conducta o adhesiones a Códigos u otras fórmulas como el Global Compact de las Naciones Unidas, el SA8000, ISO26000, etc.). Ambas cifras subrayan lo mucho aún por avanzar al respecto. Cabe señalar además que no todos los AMG establecen suficientemente los requisitos básicos de su ámbito (hasta el último eslabón  de sus cadenas de subcontratación) y los derechos de intervención  sindical. Algunos reducen su ámbito a la multinacional y sus filiales, limitándose a instar a sus proveedores y contratas el cumplimiento de los mismos principios generales, pero sin instrumentos eficaces de control desde la multinacional y de intervención del sindicalismo global y local.
En el ámbito de la industria del vestido, uno de los más internacionalizados, durante años ha habido un  sólo AMG, el suscrito con  Inditex, del que precisamente este año se cumple ya su 10º aniversario, mientras que la sueca H&M lo suscribió en 2015 y la alemana Tchibo en 2016. Ya son tres. Pero no hay ninguno de las importantes multinacionales distribuidoras mundiales de ropa de las marcas italianas, norteamericanas, británicas., francesas, … Lo más grave en mi opinión no es que nos los haya, pues podría ser debido a resistencias empresariales que no hubiéramos encontrado en las 3 ya señaladas, sino que se desconoce porque no los hay, se ignoran las iniciativas sindicales en estos países y desde las direcciones sindicales supranacionales  para conseguirlos. O una explicación de vías distintas que pudieran ser consideradas como más adecuadas. Lo peor sería comprobar que no han hecho nada, que tal objetivo no consta en sus proyectos a corto o medio plazo, que no tienen propuesta de acción  sindical, más allá de las proclamas en los papeles, para la defensa del trabajo decente en el mundo, particularmente en las cadenas de suministro de las multinacionales de cabecera en su país, es decir en su ámbito más directo de intervención y de responsabilidad.

Como un importante avance en la construcción de relaciones laborales globales pactadas debe entenderse el primer acuerdo global multiempresas con el sindicalismo mundial, el Acuerdo de Bangladesh de Prevención de Incendios y para la Seguridad de los Edificios (conocido como el “Accord” de Bangladesh). Se firmó en 2013 tras la catástrofe de Rana Plaza por las Federaciones Sindicales globales de industria y servicios, IndustriALL Global Union y UNI,  con más de 200 marcas de ropa con proveedores en el país. Y hay ya un primer acuerdo para su renovación a partir de 2018. Se ha traducido en un muy importante trabajo de inspección de casi 2.000 fábricas, con  numerosas medidas de corrección de sus condiciones, así como en un significativo desarrollo del sindicalismo local a través de su intervención en la gestión del mismo.
                                 
En el mismo sentido, aunque de menor eficacia hasta ahora, debe entenderse el Proyecto ACT (“Action, Collaboration, Transformation”) firmado por 15 de las principales marcas mundiales del vestido y por el que se establecen las bases para que en los principales países en los que se fabrica la ropa de sus marcas se abra un espacio de interlocución de sus proveedores con los sindicatos locales para desarrollar una negociación colectiva que permita concretar condiciones de trabajo decente en tales países, empezando por un salario “vital”, es decir que permita vivir con dignidad.


6.- El dumping y los planteamientos sindicales al respecto

Estimaciones de la Confederación Sindical Internacional, CSI, apuntan a que el 80% del comercio entre los países del planeta se desarrolla con los productos de las multinacionales. Los canales del comercio mundial han ido evolucionando en contenido e intensidad con el proceso de internacionalización productiva, han sido vehículo para los productos resultado de deslocalizaciones y relocalizaciones industriales, así como escenario de la competencia en los mercados mundiales entre producciones de orígenes distintos, con iniciativas diversas de los Estados para proteger y expandir “sus” productos, desde aranceles, acuerdos preferenciales, de “libre comercio”, subvenciones a las exportaciones, Zonas Francas, …

Integran también este escenario medidas “antidumping”, con limitaciones aduaneras y otras, planteadas contra la supuesta competencia “desleal” en los mercados por parte de la empresa o país que vende por debajo de su precio de coste. Una variante es el “dumping social”, cuando se considera que la mercancía se vende a bajos precios como consecuencia de la violación de los derechos básicos del trabajo sobre los trabajadores que las producen. Cuestión  importante, aunque a veces se plantea más como una expresión de guerra comercial que como defensa del trabajo decente.

En los últimos años la Unión Europea ha tomado medidas antidumping, entre otras, en relación con importaciones de acero, azulejos y productos químicos de China, minerales y productos siderúrgicos de Rusia, plásticos de Vietnam, … Y en casi todos estos casos se ha argumentado la existencia de “dumping social”.

Evidentemente el sindicalismo algo podría, debería, decir cada vez al respecto, tanto el del país comprador (que se supone protege también los derechos laborales en otra parte del globo) como del país vendedor (por lo que ello afecta a su producción, a las condiciones laborales en las que se obtiene). Y efectivamente hemos visto pronunciamientos sindicales al respecto. Las del sindicalismo del país comprador apoyando en general, sin otra iniciativa propia, las posiciones de su país restrictivas de tales importaciones, y las del vendedor denunciándolas y negando muchas veces, sin verificaciones creíbles, las razones alegadas y denunciando, con su gobierno, el proteccionismo de los primeros.

Nada que objetar seguramente desde la perspectiva de la guerra comercial, pero quizá sí desde la de la acción sindical. En ésta podría suponerse que los sindicatos de ambos polos del problema deberían  coincidir en la defensa de la dignidad del trabajo. En todo caso, los sindicatos europeos, las Federaciones Sindicales europeas de los sectores afectados, y la Confederación Europea de Sindicatos, deberían abordar el tema con los sindicatos del país vendedor, conscientes de que difícilmente estos últimos estarán por la labor de dificultar la venta de los productos de su país[5]. Cuando hemos hablado con trabajadoras y trabajadores de los países proveedores de marcas españolas, hemos encontrado siempre un mismo planteamiento: ”hay que mejorar, y mucho, nuestras condiciones de trabajo, pero que se compre más aquí”.

No creo excesivo exigir a los sindicatos europeos que, antes de apoyar cualquier medida antidumping y con ello enfrentarse a los sindicatos de los países exportadores, conocieran la opinión de éstos al respecto y se plantearan examinarlo conjuntamente, y para una posible acción solidaria con ellos, en lugar o incluso complementariamente de apoyar las medidas antidumping impulsadas por “sus” patronales y “sus” gobiernos.

Pero más importante, y necesaria, entiendo que debería ser la posición de las instancias sindicales de ámbito superior, las globales, para tomar la iniciativa y convocar a ambas estructuras sindicales, las de los países exportadores y las de los importadores, para afrontar el problema. Es ésta sin embargo una cuestión ni siquiera planteada en los contenidos congresuales o de trabajo diario de las Federaciones sindicales globales, de industria y servicios (que incluye el comercio), IGU y UNI, de la Confederación Sindical Internacional, CSI, o de la CES. En alguna ocasión fueron rechazadas enmiendas en ese sentido presentadas por nuestra Confederación de CCOO a los documentos congresuales europeos o mundiales.

No se trata de un tema secundario, puesto que afecta a una importante proporción del comercio mundial y al trabajo de muchos miles de trabajadores de los países emergentes. Es por ello un instrumento de relación y posible cohesión sindical, o de dispersa acción sindical subordinada a otros intereses. Podría constituir además un positivo ejemplo de la “tutela”, por parte de estructuras sindicales de ámbito supranacional, de derechos contradictorios entre colectivos sindicales nacionales y/o regionales.

Quien sí parecía entender qué intereses defendía prioritariamente (aunque no compartidos por mi parte) era Jiang Guangping, Director General del Departamento de Relaciones Internacionales de la Confederación Sindical China (ACFTU). En nuestro encuentro en Beijing, en septiembre de 2007, me dijo: “Los principales enemigos de los trabajadores chinos sois los trabajadores europeos. Queréis que suban los salarios en China para hacer menos competitivos nuestros productos”. A lo que le respondí que “los trabajadores, los sindicatos europeos, lo que queremos es que los trabajadores chinos puedan ejercer sus derechos de libertad sindical y de negociación colectiva para decidir qué parte de los beneficios de su trabajo les corresponde a ellos, o a sus biznietos, o a otros …“. Lo cierto es que desde entonces el incremento salarial de los trabajadores chinos ha sido notable y parece que sus productos siguen siendo competitivos[6].


7.- Exigencia de un ordenamiento jurídico global eficaz desde el sindicalismo global.

Un objetivo evidente en la acción sindical global es alcanzar acuerdos con las contrapartes, empresariales o institucionales, para consolidar derechos, y también establecer mecanismos para su exigencia, para la sanción y reparación ante incumplimientos. En este marco, una de las cuestiones a examinar ya hoy es la exigibilidad judicial de los compromisos empresariales de Responsabilidad Social empresarial, unilaterales o pactados. Con el objetivo prioritario de que sea la multinacional quien presione a su proveedor, pues será en éste donde se plantee habitualmente el incumplimiento. Esto es lo que en la cadena de suministros de Inditex hemos comprobado como más eficaz.

La primera respuesta ante posibles incumplimientos es la exigencia sindical, con la movilización de los colectivos de trabajadores afectados, los de la empresa matriz y los directamente implicados, para ir ampliando el ámbito de movilización si el problema persiste..

El posible procedimiento judicial plantea serios problemas, tanto por la inexistencia  de un Tribunal Laboral Internacional como por el hecho de que cuando se firma un Acuerdo Global quien con él se compromete directamente es la marca multinacional, y las infracciones se dan en general en sus proveedores, que pueden haber firmado un compromiso con la marca pero no son (hasta ahora) parte activa en el propio Acuerdo Marco. Se trata sin duda de un tema de interés sindical, social y también académico, para desarrollar en el futuro normas y procedimientos que lo faciliten.


Es ésta aún una cuestión poco desarrollada en los Acuerdos Marco hasta ahora firmados. En algunos se apuntan problemas de “interpretación” con la posibilidad de acudir al “consejo experto de la OIT”. En otros se apunta a una fórmula algo más desarrollada estableciendo una posibilidad de “arbitraje” por parte de la OIT, lo que ha llevado a que los órganos de ésta empiecen a plantearse cómo podrían organizar su intervención en tal sentido.

Un planteamiento de largo alcance es el que se dio en la Conferencia anual de la OIT de 2016, en su Comisión sobre “trabajo decente en las cadenas mundiales de suministro”. La representación de los trabajadores propuso un nuevo Convenio que abordara las condiciones de trabajo en las cadenas de suministro refundiendo y adaptando a la realidad actual las diversas normas OIT que les podrían ser de aplicación. Las resistencias empresariales y de hecho de los gobiernos aplazaron una posible decisión. Pero la cuestión está ya abiertamente planteada. Y hay que plantearse también como acentuar la eficacia de las normas de la OIT, sin obviar la posible exigencia de que a través de la OMC u otros se requiera que los productos objeto del comercio mundial cumplan los requisitos básicos del trabajo decente.


8.- El difícil camino de la construcción del efectivo SINDICALISMO GLOBAL

Porque no creo en el determinismo histórico, aunque considero necesario un efectivo sindicalismo global, no estoy convencido de que su advenimiento sea inevitable. De lo que sí estoy convencido es de que las actuales estructuras que de él se reclaman no son aún las que garantizan su existencia.

Creo que hay efectivos intereses comunes de los trabajadores del mundo, esencialmente en torno a los derechos fundamentales del trabajo. Y que el sindicalismo tiene una base sólida para su desarrollo en todos los ámbitos y niveles, hasta el global, porque las relaciones asalariadas generan intereses comunes, movilizaciones, solidaridad, conciencia colectiva de clase.

Y creo además que, en la medida de que la globalización tiene una progresiva y en ocasiones determinante influencia en las condiciones de vida y de trabajo en todos los rincones del mundo, junto a la necesidad de la acción sindical en cada centro de trabajo de cada uno de los países del planeta, son necesarias también formas de solidaridad y acción sindical en los más amplios ámbitos sectoriales y territoriales, hasta el global, en este nuestro mundo cada día más pequeño. 
Si la construcción y consolidación del sindicalismo global no es inevitable, aunque lo consideramos necesario, no es suficiente que existan bases objetivos para su desarrollo. El principal problema son las carencias (algunas he querido apuntar) del propio sindicalismo, más que las dificultades derivadas de la actitud de las contrapartes empresariales y gubernamentales.

La clave en mi opinión está en que el sindicalismo organizado no aborde los temas de la globalización sólo en los papeles y en los discursos, ni sólo con ocasión de los accidentes tipo Rana Plaza, … y sólo para denunciar las responsabilidades de los malos de siempre (que lo son), pero sin propuestas de acción en los eslabones fundamentales de las cadenas de valor. Debe ser en la acción sindical diaria, no para repetir en ésta discursos de denuncia global, genéricos, sino para detectar su particular ligazón con los problemas de la cadena de valor en la que se integra. Y ello desde cada estructura sindical a todos los niveles de la cadena de valor, empezando por el sindicalismo de las cabeceras de las multinacionales, que tienen una muy particular responsabilidad en todo ello.

Quiero por todo ello terminar estas notas dando respuesta, mi respuesta, a la pregunta con la que las encabezaba: Sí, en la Globalización es necesario y posible el sindicalismo global, pero está aún pendiente su adecuada construcción.


Barcelona, julio 2017

[1] Me estoy refiriendo al derecho –igual-, no a la cuantía –[1] Me estoy refiriendo al derecho –igual-, no a la cuantía –no necesariamente igual-. Ésta debería depender de las condiciones de cada país. Una referencia, no única ni decisoria, podría ser la “paridad de poder adquisitivo”. Y la acción sindical la vía para su determinación
2 Quizás debería haberse planteado negociar qué austeridad, con qué contrapartidas presentes y futuras, con qué controles, en qué plazos. A ello me referí con cierta amplitud en el nº 4 de “pasos a la izquierda” de abril 2016 y en mi blog (http://pasosalaizquierda.com/?p=1236http://iboix.blogspot.com.es/2016/04/sobre-los-desacuerdos-que-jose-luis.html). A estos textos me remito además para el planteamiento sobre la necesaria “renovación” sindical, “refundación” en mi propuesta. Ahora pretendo abordar tal problemática desde la perspectiva del sindicalismo “global”.

3 No quiero dejar esta problemática sin señalar que en julio llegó una positiva noticia, también desde IndustriALL Global Union, como es la positiva reacción del sindicalismo italiano en la FIAT ante una movilización de los trabajadores de una filial en Serbia de esta multinacional del automóvil exigiendo mejoras salariales y de condiciones de trabajo. Lamentablemente son muy escasas las informaciones y orientaciones en este sentido.

4 Lástima que, antes o después, no hubieran más ejemplos de valentía en la convocatoria como la que llevó a cientos de miles de personas a manifestar su solidaridad con los inmigrantes el 18 de febrero de 2017 en las calles de Barcelona.

5 Solamente he conocido un caso, el de los sindicatos de Myanmar –la antigua Birmania- promoviendo el boicot a los productos de su país, en la época más dura de la dictadura militar, como forma de presión mundial sobre ésta.


6 Al mismo tiempo que está evolucionando la estructura industrial y comercial de China, con deslocalizaciones a otros países de la región, y ello no parece que esté perjudicando a la clase trabajadora china.